El pacto hizo una grieta ensangrentada en la arena
"Aquí está una de las niñas Marco Antonio. Aureliana, así le nombró Viviana. Ahora ella sufrirá en carne la vergüenza en la que nos ha sumido. Deben estar locos, enfurecidos. Nunca sabrán de esta pequeña a la que criaremos mejor que a esa que no nombraré jamás. He aquí tu recompensa Marco Antonio." la Meme le entregaba la niña al despechado hombre. Este la miraba con asombro. Sintió primero una corriente de odio, pero de repente, al ver los ojos celestes de la niña y ver a Viviana en ellos, se rindió por completo a Aureliana. "Mujer, esta será nuestra encomienda, hacer de esta una real doncella. Nunca se enterará de su procedencia, ni de sus raíces enfermas. La mantendremos lejos de esta plaga. Debemos decirle que su madre murió al momento de dar a luz, porque eso fue lo que sucedió. ¿Me sigues mujer? Irá a los mejores colegios, será una joya de la realeza, la mantendremos alejada de todo lo que pueda ser un peligro para ella. Tu, te tendrás que mudar con nosotros, no puedo hacer esto solo." planificaba Marco Antonio junto a la Meme en el camarote de primera clase en el barco que pondría leguas de agua entre ellos, los gitanos y Aureliana, la real reina.
En la orilla del mar, antes de llegar al puerto, se escuchó la sirena de un barco a lo lejos: "¡Nacho, lo siento jefe, lo siento! Hemos llegado tarde. Los han visto zarpar en La Vendetta. Dicen que la vieron llegar en la madrugada a la casa grande con la niña en brazos y el hombre de blanco estaba ya listo con las valijas en la escalera. Uno de los sirvientes me lo ha contado todo. Que el escuchó que lo habían planificado todo desde que la doña Viviana huyó de la casa grande aquella noche. Esa mujer es peor que las quimeras y el hombre ese, es como una gárgola. Lo siento Ignacio, pero ya es tarde." fueron las palabras que le abrieron una grieta en el pecho a Ignacio. Sentía que la desesperación, la ira, los deseos de matar le atrapaban. Un Nacho enloquecido salió corriendo hacia el muelle: "¡Devuélvanme a mi hija! ¡Devuélvanme la vida!" y se ahogó en sus propios sollozos.
"¡Vayan detrás de él! ¡No se queden ahí parados como estatuas de la plaza! ¡No ven que es capaz de lo que debiera! ¡Vayan y apoyen a nuestro Ignacio!" Gritaba una Genera desenfrenada a los hombres que les acompañaban. "Yo me regreso a la comarca a bregar con la Viviana. Esta noticia la va a desmadrar. Ustedes mujeres, vengan conmigo, que esta jornada va a ser larga, dolorosa y fría. Que lo sabía, lo había visto en la taza. Esto, no es mas que el comienzo de una sangrienta caravana. Vengan, vamos a cambiar los velos de la comarca. Lloremos pues hasta las puertas del campamento, porque ya adentro, tenemos que ser la fortaleza de ella." Caminaban y sollozaban las mujeres lideradas por la Genara hacia la comarca.
"¡Aureliana, hija de mi alma, regresa! ¡Malditos payos, devuélvanme la sangre!" caía a la orilla del mar un Ignacio enloquecido. Los hombres no sabían que hacer. Sólo
Paco, su mano derecha, se acercó: "Nacho, ya no podemos hacer nada. Ya es tarde hermano, ya han zarpado. Vamos a la comarca, ven. Genara debe estar ya con tu mujer y la otra cría. Ya veremos que hacer. Vamos Ignacio." trataba de consolar a su jefe quien lloraba como niño sin consuelo. En realidad, todos ellos lloraban, porque el dolor de uno, era el dolor de todos.
De repente, Ignacio paró de llorar y se incorporó. Miró a sus hombres y agarrando nuevamente su puñal de plata, volvió a abrir su mano derecha y asperjando su sangre a orillas del mar dijo: "Ven esta sangre diluyéndose en la sal de esta mar malvada, por esta sangre juro y por la sangre bendita de la virgen morena, que mi niña, el alma de mis venas, volverá a nuestras tiendas. Ustedes son mis testigos, como mis testigos son todos los seres de esta tierra. Volvamos a la comarca. Viviana y Lupe me esperan." caminaba Ignacio dejando un rastro de sangre a cada paso que daba. Sus hombres le seguían, mientras en silencio, también con él lloraban.
Ya en la comarca, la Genara había logrado calmar un poco a Viviana, le aseguró que Ignacio se haría cargo de la tortuosa situación y le hizo ver la importancia de mantenerse serena por el bien de su otra niña. Le enseñó cómo su estado de ánimo afectaba a su cría, cómo lo que ella sentía era transferido de alguna manera inexplicable al bebé y sobretodo, podía afectar su flujo de leche materna. Poco a poco fue calmando a la joven madre, cuando de afuera de la tienda una mujer llamaba a la Genara. Salieron las dos mujeres a ver que sucedía y se encontraron con la partera y la cría envuelta en la manta color perla.
"Lola, ¿qué traes ahí envuelto? ¿De quién es esa cría? ¿Por qué vienes llorando mujer? Ven, pasa y cuenta que sucede. ¡Ay virgen morena, hasta cuándo seguirá enturbiándose el aire de nuestra venas!" Genara comentaba mientras la partera junto con la cría entraban a la tienda de Nacho y Viviana.
Luego de unas horas de cabalgar sin rumbo buscando despejar la mente y aclarar su pecho, Nacho y algunos hombres que no le dejaron solo, llegaron a la comarca. Ignacio entró a su tienda y encontró una estampa que nunca imaginó encontrar. Viviana no sólo lactaba a su preciosa niña dorada, tenía en su pecho izquierdo una hermosa niña morena. Su mujer se veía más que bella, estaba tan extasiada con el fenómeno de la lactancia y la apropiada llegada de la niña envuelta en la manta perla, que no se percató de la llegada de su Ignacio. La Genara le hizo un gesto para que no interrumpiera el momento y lo llevó afuera, donde le contó la triste historia de la nueva niña. Ignacio miró hacia adentro de la tienda y mirando al cielo dijo: "Taita sagrado, por algún motivo me separaste de una de ellas, ahora me traes esta. Algo tienes con estos planes y yo los acepto. Solo te pido una cosa a cambio, cuida de la otra en lo que la traigo de vuelta. Vieja, prepara a todos en la comarca para que estén enterados de la verdad. Aquí, en estas arenas, la verdad siempre será la sangre de nuestras venas. Luego vieja, haremos fiesta, viviremos día a luna, luna a día, juntos luchando hasta que la traigamos de vuelta. Y con ella, la niña envuelta en la manta color perla, se queda conmigo, es nuestra. Ahora, voy con mi mujer y las crías, esta noche será serena."
Genara se alejaba hasta el centro de la comarca donde todos esperaban para escucharla. Ignacio entró y Viviana con ojos de ilusión y voz diáfana le dijo: "Amor, ya estás de vuelta. Ven, te quiero presentar a Guadalupe y a Perla."
Viento Serena
(Lala©2012)

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