Desde aquí, te llevare conmigo a mis noches de violín, bandoneon, pandero y guitarras. Beberás de la misma copa sucia conmigo y abrirás tus venas bajo la luz de luna...

Ahora que te has atrevido a montarte conmigo en mi carreta, te has preguntado hacia donde te he de llevar?

Ya es tarde, Enigma se a puesto a trotar...
No temas, déjate llevar...

jueves, 17 de mayo de 2012

El retrato de Perla III

El retrato de Perla III
La Pandora se ha abierto

Habían pasado ya varios días después de la noche del tango. Las mujeres no daban tregua alguna para que Aureliana visitara el campamento o la Plaza. Cada mañana, al desayunar, la tía ya tenía todo arreglado para ese día y la Meme la secundaba. Aureliana no se percató nunca del complot entrambas. Pero cada noche, desnuda se sentaba en la hamaca mientras los escuchaba y soñaba. Esperaba...

"Sra. Marí José, a la puerta se encuentra alguien esperando ser recibida por la niña. Creo que debería llegarse hasta el recibidor." - fue rápidamente Lula hasta donde su señora a informarle. "¿A qué te refieres Lula? ¿Quién osa llegar a esta hora buscando a mi sobrina? ¿Le has dicho que es muy temprano y que aun duerme?" - respondió la mujer algo molesta mientras se acercaba a la puerta que dividía el recibidor de la estancia. Vestía su bata azul marino, la de las mangas de alas. Lucía un turbante del mismo azul y unos zarcillos de zafiros. Estaba tomando su té matutino, el que acostumbra antes de comenzar su día, cuando Lula llegó con la noticia. Todas las demás aun estaban en sus habitaciones.

"¿Qué haces aquí? Hace tanto tiempo que no te acercabas a la casa azul. ¿Qué vienes a buscar? Deja a mi sobrina quieta, por favor Perla, no te acerques mas a ella." - fueron las primeras palabras que salieron de la boca de la tía al ver a Perla. La gitana vestía un traje malva y violeta y lucía el camafeo que tenía la noche del tango. "Buenos días Marí José. Te ves muy bien. Es cierto, hace exactamente tres años que no compartíamos, pero ya ves, no hay resentimientos. Creo que no podré complacerte esta vez. Aureliana es mi amiga y se que está esperándome. Me imagino que está en la habitación del medio. Si me permites, subiré a despertarla." - decía caminando como quien conociera la casa y comenzó a subir los peldaños, mientras entonaba el cante que habían escuchado al llegar al restaurante la noche del tango. Se volteó y dijo; "Por favor, dile a la Lula que nos lleve el desayuno a la habitación de Aureliana, lo comeremos en el balcón. Me gustaría tanto uno de sus deliciosos cafés con almendra y canela, los extraño tanto como a..." - siguió subiendo.

Las mujeres se miraron. Ya no podrían evitar nada. Lula subió a la cocina a preparar el desayuno. La tía fue al cuarto de la Meme, tenía que contarle lo que sucedía y prepararse juntas para lo que vendría. "Ahora si que se abrió la Pandora." - dijo la tía entrando al cuarto de la Meme.

"Mira que bien. Mira como duerme la reina." - acariciaba el rostro de Aureliana, mientras se acomodaba a su lado en la cama. "Aureliana, preciosura, despierta. Mira que he venío a buscarte pa' llevarte a pasear. Anda vaga de mi arma, mira que el sol está delicioso como pa' irnos a la playa. Quien en verdad quiere verme, me encuentra." - seguía insistiendo la gitana mientras susurraba al oído de la joven dama. "¡Perla! ¡Viniste! Te había estado esperando. ¡Qué alegría el verte!" - contestó emocionada pero algo adormecida. La emoción y la alegría eran tan grandes que Aureliana no se percató de su desnudez. Se abrazó a la romaní perversa y esta se levantó de golpe. "Duermes desnuda... ¡Quién lo diría! Eres mas traviesa de lo que pensaba. No, no te sientas mal con tu desnudez, está muy bien que duermas así. Es la manera adecuada de conocer el cuerpo. Dime algo; ¿has soñado en estas noches?" - al decir esto le traía su bata de baño, no quería que Lula al traer el desayuno descubriera que Aureliana estaba desnuda. La pregunta le retumbó el pecho a la joven, pues si, había soñado todas las noches desde su llegada a la casa azul. Pero los sueños se hacían mas intensos desde la noche en el restaurante. "¿Cómo lo sabes Perla?" "Porque puedo sentir tus sueños. No los veo, pero los siento... Y se sienten muy rico... Jajajajajaja" - dijo de manera muy pícara y doble intencionada, pero su risa era tan contagiosa que Aureliana estalló en risas también. "Anda picara traviesa, cuéntame tus sueños." - se sentó al pie de la cama mirando fijamente a los ojos de Aureliana. Conversaron ávidamente hasta que Lula irrumpió.

"Aquí está el desayuno señoritas. Lo serviré en el balcón para que disfruten de la vista y de la suave brisa cantábrica. Les preparé una deliciosa tortilla con jamón y chorizo, tostadas de avena, queso manchego, frutas frscas, jugo de arándanos y café con almendra y canela, espero sea del agrado de ambas. ¿Algo más?" - entró Lula sin tocar a la puerta, como queriendo descubrir algo, lo que fuera. "No Lula, gracias. Cualquier cosa te buscaré. Ah si perdón, una cosa, diles a la Meme y a la tía que hoy estaré todo el día con Perla, que no se preocupen por mi. Hoy le pertenezco a ella." - Lula escuchó estas palabras y miró a la gitana quien, con malicia, se sonreía. Algo perturbada la negra respondió: "Así lo haré Srta., así lo haré." Ambas mujeres se sentaron a la mesa a desayunar y hablar.

"¿Cuánto tiempo llevan allá arriba? Ya me está preocupando la visita de esa." - argumentaba la Meme con la tía. "No me gusta para nada esa amistad. Esa gente nada bueno trae. Se muy bien lo que digo Marí José. No se como has dejado entrar a esa a la casa y mas aun, como le permitiste llegar a donde Aureliana. Si Marco Antonio o el mismo Alejandro se llegaran a enterar, nos iría muy mal." - continuaba refunfuñando la abuela mientras tomaban te en el balcón de la estancia. "Meme linda, tranquila, no va a pasar nada. Mientras estén aquí todo está bajo control. Si nos vamos en contra de esa amistad, empeoraríamos la situación. Además querida, como una vez dije, los gitanos no son lo que las gentes dicen. ¿Acaso no recuerdas la gentileza que tuvieron con nosotras la otra noche? Créeme, no son gente mala, solo son unos incomprendidos por las mentes prejuiciadas. Y ella, Perla, mejor tenerla cerca." - hablaba con calma la tía, tratando de tranquilizar a la vieja abuela.

De repente aparecieron las dos jóvenes en el balcón. Aureliana se había preparado para salir. Llevaba puesto un traje violeta, del mismo color que el que llevaba Perla y lucía el ónix que Marciano le había obsequiado. Se veía deslumbrante. "Amores, voy a dar una vuelta por la Plaza y luego iré al campamento. Estaré a la hora de cenar de vuelta. Las amo..." - fue todo lo que dijo Aureliana, no permitió que ninguna opinara. Salieron juntas y segundos después se escuchó el sonido del motor de una motoneta, la de Perla.

"No entiendo nada. Esa no es mi Aureliana. Ella me hubiese pedido permiso para salir. No me llamó para que le ayudase a arreglar. ¡Cómo me la han cambiado!" - dijo con dolor la Meme. En sus verdes ojos se asomaban las lágrimas. "Desde que Viviana nos dejó, me he hecho cargo de mi muchacha. La he cuidado y criado como mía. Marco Antonio no podía con el dolor de la partida y con una bebé de meses, así que me mandó a buscar a Andalucía donde vivía tranquila en mi palacete. Lo dejé todo por ella, por ellos. La vi crecer. Le enseñé sus primeras palabras y la vi dar sus primeros pasos. Escogí sus maestras y hasta el traje que lució la noche en que fue presentada ante la sociedad de Villa Nostalgias. Muchas veces la defendí de su padre. He sido su refugio y paño de lágrimas. Mira ahora como me paga Marí. ¡Qué dolor siento en mi pecho!" - estalló en llanto.

"Cálmate Meme, no te pongas así. Era de esperarse mi vieja bella. Ya Aureliana dejó de ser una niña. Acaba de cumplir sus veintidós años. Las chicas de hoy día se rebelan mucho antes que esto. Nuestra mujercita ha sido y es muy buena. Has hecho un excelente trabajo con ella, no creo que debas preocuparte. Ha vivido una vida encerrada, conociendo sólo lo que Marco Antonio le ha permitido. Era de esperarse que esto ocurriera mujer. Ven, vamos adentro, te prepararé una tisana de lavanda y menta." - la consolaba la tía mientras la invitaba a entrar. Subieron juntas hasta la cocina donde les recibió Lula.

Perla y Aureliana se paseaban por la plaza. Eran el punto focal de la misma. Los hombres las miraban, observaban y codiciaban. Las mujeres las envidiaban y odiaban. Hasta el párroco sufría calores debajo de la sotana. Aureliana se percató de lo que sucedía a su alrededor y sintió que esto le gustaba. Comenzó a caminar con mas cadencia. Aprendía a mirar a los ojos directamente, tal cual lo hacía Perla. Ya no le daba temor reírse a carcajadas y mucho menos hablar en voz alta. Se sentía segura de ella, le gustaba lo que descubría debajo de su alma.

Ya habían caminado alrededor de la Plaza varias veces. Decidieron sentarse en el banco central del tercer cuadrante de la misma. "¿Has estado con un hombre? - preguntó Perla, conociendo la respuesta. Esto ruborizó a Aureliana, quien sólo bajó su cabeza. "No sientas vergüenza de ser virgen. No todas tenemos el honor de serlo. Para mi es algo muy raro, pues conozco hombre desde muy joven. Pero para que te cuento eso... ¿Te gustaría estar con uno?" - esta pregunta la hizo palidecer y suspirar a la vez. "Perla, para mi estos temas son difíciles. Nunca he hablado con nadie acerca de esto. Tu me inspiras confianza, a ti si te puedo decir. Claro que me muero por saber que es estar entre los brazos de un hombre. Quiero sentirme amada, deseada. Sólo he conocido los besos de Alejandro, que no han sido tantos pues siempre me evita, dice que su prometida tiene que ser casta y cauta. ¡Eso me fastidia tanto! Aveces pienso que debe tener otras, casi no le veo por sus viajes. ¿Sabes algo? Creo que ni le amo." - se confesó Aureliana, sintiendo gran alivio.

"¡Ay mi reina, que ya me imaginaba algo así! Vamos por parte. Para estar entre los brazos de un hombre no hay que sentir amor. No me mires así que lo que te digo es tan cierto como los rayos del sol. Para estar con un hombre solo basta querer estarlo, y aveces ni eso, pero ese no es el caso. Se que eres soñadora y que vives en tus mundos perfectos, eso está muy bien. Ya quisiera yo vivir junto a ti en esas tierras. Pero la vida es otra mi reina. A los hombres hay que tenerles de lejos, sobretodo a los gayí como tu Alejandro. Quieren tener una mujer segura, la que hacen su esposa. La meten en una casa llena de lujos, trapos y joyas, la llenan de muchachitos y no le permiten ser. La esconden. Mientras en la calle... se divierten con las demás. Así son los gayí. Los calé son mas fieles. Cuando se enamoran, se enamoran y no hay nadie más. Mira que yo te lo digo y juro en sangre Aureliana, mira que varios hombres han pasado por estas faldas, hasta un párroco. Ese hombre que te ame de verdad, te hará sentir mucho mas que amada y deseada." - Aureliana la escuchaba casi sin pestañear.

"Hablando de lo que te sucede con el Alejandro, ¡cómo no has de sentirte así! Mujer si te lo han acomodao'. Te lo escogieron. Te lo han pintao' al cuento. Y de que tiene otras, en sangre te lo juro también. ¿Amarlo? Busca bien debajo de tu piel. Cuando cierras los ojos al tocarte, ¿a quién ves, sientes? No es a Alejandro, ¿verdad? Recuerda que yo siento tus sueños... Jajajajajaja No te ruborices por estas cosas mi reina..."

Aureliana se río de las ocurrencias de la gitana, pero era cierto, no era a Alejandro. "Y en cuanto a que sólo has estado en los brazos de Alejandro y que sólo sus labios has besao', no es cierto mi reina. ¿Qué me dices del Marciano?" - diciendo esto, tocó el ónix que pendía del cuello de Aureliana. Una oleada de calor subió desde los tobillos hasta el vientre de la joven. Escalofrío recorrió su espalda y fuertes latidos entre las piernas al escuchar el nombre del calé. "Ya veo, veo quien es el que te toca sin tocarte... Tranquila y quieta, tu secreto está seguro en mi pecho. Buen gusto tienes, muy buen gusto. Además de ser uno de los mejores hombres del campamento, será nuestro jefe pronto y no tiene mujer en su carreta. Una sola cosa tendría que preocuparnos, no eres gitana. ¿No lo eres? Pero de que le gustas... Veremos que hacer. No serías la primera gayí que se uniera a un jefe, con el tiempo se que te ganarías la comarca." - Aureliana no creía lo que escuchaba. Le gustaba era cierto, pero le aterraba. No solo el hecho de estar comprometida y que su padre podría infartar, ella conocía las leyes de los gitanos. Esto si le preocupaba.

"Perla, no digas esas cosas. No podría dejar a Alejandro. En dos meses es nuestro matrimonio. Ya todo está arreglado. Además, no tengo sangre romaní. No puede ser amiga, sabes que no puede ser." - dijo con aire de melancólica tristeza. Perla se puso de pie y la miró fijamente a los ojos: "Mientras hay vida mi reina de mi arma, todo se puede. No te entristezcas. Déjamelo a mi. Ven, vamos al campamento. Quiero que conozcas mi gente. Se que alguien se pondrá muy contento al verte llegar. Vamos a la motoneta." Las jóvenes caminaron por el centro de la plaza, llamando la atención de todos. Unos las admiraban y codiciaban, y las otras, las envidiaban y odiaban.

"¡Alejandro! ¿Qué haces acá? ¿Cuándo llegaste? ¡Sobrino bello, que sorpresa!" - gritaba emocionada la tía Marí. "Tía bella, llegué hace apenas dos horas, del aeropuerto me vine directamente acá. Necesito mi casa, mi playa, mi Plaza... Extrañaba este olor a mar como nunca antes. Estás preciosa mujer, ¿qué te has hecho?" - decía esto mientras la abrazaba con fuerzas. Para Alejandro su tía era como la madre que nunca conoció. Era, según el, a la única que le era fiel. "Ven, vamos a mi habitación, tengo varios regalos para ti en mis maletas. Mmmmm y hablando de maletas, ¿aun están aquí?" - Marí palideció y puso su dedo en la boca de Alejandro para evitar que este siguiera hablando. "Si, están aun aquí. Aureliana salió esta mañana de paseo, dijo que llegaría para la cena y la Meme está en su cuarto descansando. También anda por ahí ella." - hablaba en susurros mientras subían las escaleras. "¿Ella? ¡Qué fastidio! Totalmente inoportuna, tal cual ella es. A ver como me las arreglo. Y ¿cuánto tiempo estarán las otras? Esperaba pasar estos dos meses que me quedan de soltero en paz." - replicaba el hombre ya en la habitación. "No hables así Alejandro, ese matrimonio es tu mejor decisión, ya verás."

"¡Mare, mare, que Perla ha llegao! Y no viene sola. Ha traio' con ella la señorina de los ojos celeste. Están en donde la Genara." - se escuchaba gritar a un niño hacia adentro de una carreta. "Pues ve y dile al Marciano, por esa noticia te va a pagá bien. Anda, corre Francisco, antes que otro se te adelante." - el niño salió corriendo como si estuviera corriendo sobre candela.

"Tata Genara, écheme la bendición. He venido a visitarte un rato y a traerte a alguien que quiero conozcas. Sal de ahí vieja bendita y dame un beso." - de la carreta salía una mujer que por su porte debía tener la misma edad de la Meme, aunque se veía mas fuerte. Vestía un traje gris, aun llevaba los hombros por fuera. Llevaba una trenza, también gris y un pañuelo negro en la cabeza. En su mano derecha, en el dedo del corazón, llevaba una sortija de plata y ónix. Una piedra de ónix idéntica a la que llevaba Aureliana en su cuello. Su rostro aunque era tosco, reflejaba ternura. "Miren pues quien se ha dignao' en venir a esta carreta vieja, la Perla. ¿Cómo estás mujer? Ha tiempo que no sabía de tus entuertos. Se que andas en una encomienda del viejo, pero antes siempre sacabas tiempo pa' sentarte conmigo a leer las cartas y beber ron del bueno. Que la virgen negra me la haga una santa." - la santiguaba. "A ver, ¿a quién me has traído hasta aquí? A pues bien, miren que ha llegao temprano. Mira que es mas que bonita la reina." - mirando de frente a Aureliana. "¿Cómo te llaman muchachita?" - las llevaba directo a la carreta, donde unos naipes españoles, un buen ron de maíz y caña y unas leyendas gitanas les esperaban.

"¡Taita, que soy yo, Marciano! ¿Puedo entrá' en su carreta, Mare querida? Mire que le traigo algo que se le va a gustá." - era la fuerte voz de Marciano, quien traía en sus manos algodón de azúcar para la vieja. Genara era su abuela, quien lo había criado ya que su madre lo había abandonado para casarse con un gayí. "Mi nieto favorito, como no ha de serlo si es el único... Se que no vienes a traerme nada, se que te fueron con la hablilla de que tengo dos mujeres bellas y jóvenes en mi carreta. ¡Buen calé que eres! Pasa hombre, esta es tu casa y tanta parsimonia me agobia." - farfulló la jovial vieja entre seria y risueña. "¡Pero miren si en verdá me has traìo algo! Y ¡cómo me gusta el algodón de azúcar! Pero veo que traes mas de uno... ¡ándale! ¿No he dicho que es un buen calé? Dale uno a cada hembra. Mujeres, este es mi Marciano. Perla, pa' ti no es nuevo, que te has criaó con el desde ser unos coñazos. ¡Mira que me dieron guerra! Si les gustaba pelear por todo y esta, esta es brava con la espada. Hoy, son como hermanos. La que se meta con el, se las tiene que arreglá con ella. El que ose jugar con Perla... Las ánimas lo reciben en el estrado." - todos prorrumpieron en carcajadas al escuchar y ver la vieja decir esto último.

Marciano no dudó al sentarse frente a Aureliana. Quería mirarla a los ojos, quería verla por dentro. Aureliana sintió un fuerte golpe en el cuerpo, mas fuerte aun que las corrientes que sentía en su cuarto por las noches. Sentía la mirada del gitano recorrerla toda.

La vieja agarró la mano de Aureliana: "Esta, esta es una reina. Aureliana le han nombrao desde que nació. Es preciosa por fuera y por dentro. ¡Cómo si no lo hubieses notao' tu solito! Su mare no la crió, se fue de su vía cuando ella era una cría. Yo le estaba leyendo las cartas cuando llegaste. Y lo que vi así por encimita, es de escribirse. Vi mucho, vi todo, pasado, presente y futuro. Pero mi arma está en paz, serena. Sabes pues Perla, tu encomienda está muy bien hecha. Y tu mijo, a portarse bien. Tu mi reina, todo está donde tiene." Todos enmudecieron.

Perla rompió el oscuro silencio iluminado por el momento: "Tata Genara, necesito que me acompañes a mi carreta un momento, mira que el mango de mi puñal se me ha aflojao. ¿Sabrás donde me lo pueden arreglar? - decía esto haciendo ojos y caras a la vieja, quería dejarlos solos. La Genara se sonrió maliciosamente: "Yo de puñales se lo que la reina sabe de quimeras. Pero claro que te acompaño. Ustedes se pueden quedar aquí tranquilos, de seguro que nadie vendrá a molestar. Total, nosotras regresaremos pronto, tan pronto como le arreglen el puñal a la Perla. Y tu muchacha, tranquila, mi nieto no muerde... Un poco, pero ya mordió esta mañana. ¡Jum! A menos que quieras ser su presa, eso queda entre ustedes y la carreta. Y tu mi santo, a portarse bien con ella, es buena." - salieron las gitanas dejando atrás a la pareja.

Afuera Perla encendió inciensos y ramitas de olor. La vieja prendió un radio que estaba sintonizado en la estación que sólo tocaba tangos y cante jondo. Se miraron con complicidad y se alejaron.

Adentro, Aureliana sentía que el corazón quería salir de su sitio. El se acomodó en los cojines y siguió observándola. "Aureliana, tienes el dije de ónix en tu cuello. Quisiera pensar que lo tienes puesto desde esa misma noche. Ven, acércate mujer, no te haré daño, no podría." - le extendió su mano para que esta se acercara a donde el estaba recostado. Ella lo miró esta vez directamente a sus nocturnales ojos y su cuerpo respondió de un golpe, gateó por los cojines hasta llegar al lado del gitano. "Pues si, lo llevo puesto desde esa noche y no pienso quitármelo." - respondió Aureliana. Esto hizo sonreír de manera especial a Marciano, quien se acercó aun mas a la joven. "Esa fragancia que llevas, es la que usan las reinas de la comarca. ¿Quién te la ha dado? No me digas, Perla. Me gusta como huele en tu piel. Huele diferente, me encanta. Tu me encantas..." - a la vez que decía esto, acariciaba el rostro de Aureliana, quien había cerrado sus ojos para vivir el momento. "No, no cierres tus ojos, no me niegues el cielo que hay en ellos. Quiero que me mires mientras te digo lo que guardo para ti en el pecho. Eso es mi reina, abre esos ojos que me matan."- abrió los ojos lentamente para darse cuenta de lo cerca que estaban. Tan cerca que podía sentir la respiración de ella chocar con la de él.

"Esto no es correcto Marciano. No es correcto que esté a solas contigo. No es correcto que no quiera irme corriendo. No es correcto que desee sentir tus labios de nuevo.- y lo besó. Fue un beso tierno primero, con algo de temor. Poco a poco se fue alimentando el fuego y la intensidad de los besos fueron "in cressendo". Marciano acariciaba con cuidado a Aureliana, sabía que ella no estaba acostumbrada aun a este tipo de encuentros. La joven ardía de pasión en los brazos del gitano cuando de los labios de él salió; "Te amo." Ella se sentó de un golpe y le agarró las manos, muy nerviosa, aturdida, confundida.

"Marciano, acabas de decirme que me amas. Me dices que me amas. ¿Me amas?" - preguntaba con asombro al hombre que buscaba besarla. "Aureliana, me enamoré de ti el día que entraste con tu abuela en la comarca. Yo estaba arreglando la carreta de los niños y tu pasaste por allí. Hablaste con ellos, les contaste unos cuentos y les besaste a todos. No te voy a negar que de primera intención no me gustó verte aquí, pero cuando te acercaste, cuando vi tu rostro de cerca y la manera tan dulce que trataste a los niños, te me metiste en la piel, en el centro del pecho mujer. Si, te amo y se que tu me amas." Ella se acurrucó en el pecho de Marciano y este la abrazó como quien no quiere dejar ir a alguien. Y cantó para que toda la comarca le escuchara:

"Eres tu la mujé que me ha robao el arma
La mujé que se llevó todo mi ser
Eres la dueña de mi quimera y melancolía
La razón de esta canto, mi ser y mi queré"

"La que me ha cautivao la luz de la vida
Quien ha de curar con sus besos mis heridas
Esa en la que por las noches fuerte pienso
Con la que quiero ver por siempre al amanecé"

"Eres tu esa mujé
Tu el amor de mi queré
Eres tu Aureliana de mis amores
Eres tu mi mujé"

Ella sollozaba en los brazos de Marciano. "No, no sigas cantando. Mira, mira mi mano. Si, si, así como lo ves, estoy comprometida en matrimonio con alguien mas. Esto es mi sueño, tu eres mi sueño. Solo eso amor mío, un sueño. Y aun cuando no estuviera comprometida, sería prohibida nuestra relación, no soy gitana. Tu pronto te convertirás en el jefe del campamento, tienes que casarte con una de tu sangre. Ves, todo está en nuestra contra."

Perla entró reclamando: "Que te dije que no lloraras Aureliana. Mientras haya un hálito de vía, todo se puede. Que no naciste pa' llorar, naciste pa' reír y hacer reír. Tu viá ha de cambiar, pa' esto llegué a ti. Es hora de irnos. No quiero que los aires se tornen grises aun. Todavía no." La pareja se dio un penúltimo beso, se abrazaron fuerte y Aureliana salió.

"Allí va nuestra reina. La que nos habían robao', ya llegó."- dijo Genara mientras encendía una fogata.


Viento Serena
(Lala©2012)

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