El retrato de Perla III
La Pandora se ha abierto
Habían pasado ya varios días después de la noche del tango. Las mujeres
no daban tregua alguna para que Aureliana visitara el campamento o la
Plaza. Cada mañana, al desayunar, la tía ya tenía todo arreglado para
ese día y la Meme la secundaba. Aureliana no se percató nunca del
complot entrambas. Pero cada noche, desnuda se sentaba en la hamaca
mientras los escuchaba y soñaba. Esperaba...
"Sra. Marí José, a
la puerta se encuentra alguien esperando ser recibida por la niña. Creo
que debería llegarse hasta el recibidor." - fue rápidamente Lula hasta
donde su señora a informarle. "¿A qué te refieres Lula? ¿Quién osa
llegar a esta hora buscando a mi sobrina? ¿Le has dicho que es muy
temprano y que aun duerme?" - respondió la mujer algo molesta mientras
se acercaba a la puerta que dividía el recibidor de la estancia. Vestía
su bata azul marino, la de las mangas de alas. Lucía un turbante del
mismo azul y unos zarcillos de zafiros. Estaba tomando su té matutino,
el que acostumbra antes de comenzar su día, cuando Lula llegó con la
noticia. Todas las demás aun estaban en sus habitaciones.
"¿Qué
haces aquí? Hace tanto tiempo que no te acercabas a la casa azul. ¿Qué
vienes a buscar? Deja a mi sobrina quieta, por favor Perla, no te
acerques mas a ella." - fueron las primeras palabras que salieron de la
boca de la tía al ver a Perla. La gitana vestía un traje malva y violeta
y lucía el camafeo que tenía la noche del tango. "Buenos días Marí
José. Te ves muy bien. Es cierto, hace exactamente tres años que no
compartíamos, pero ya ves, no hay resentimientos. Creo que no podré
complacerte esta vez. Aureliana es mi amiga y se que está esperándome.
Me imagino que está en la habitación del medio. Si me permites, subiré a
despertarla." - decía caminando como quien conociera la casa y comenzó a
subir los peldaños, mientras entonaba el cante que habían escuchado al
llegar al restaurante la noche del tango. Se volteó y dijo; "Por favor,
dile a la Lula que nos lleve el desayuno a la habitación de Aureliana,
lo comeremos en el balcón. Me gustaría tanto uno de sus deliciosos cafés
con almendra y canela, los extraño tanto como a..." - siguió subiendo.
Las mujeres se miraron. Ya no podrían evitar nada. Lula subió a la
cocina a preparar el desayuno. La tía fue al cuarto de la Meme, tenía
que contarle lo que sucedía y prepararse juntas para lo que vendría.
"Ahora si que se abrió la Pandora." - dijo la tía entrando al cuarto de
la Meme.
"Mira que bien. Mira como duerme la reina." -
acariciaba el rostro de Aureliana, mientras se acomodaba a su lado en la
cama. "Aureliana, preciosura, despierta. Mira que he venío a buscarte
pa' llevarte a pasear. Anda vaga de mi arma, mira que el sol está
delicioso como pa' irnos a la playa. Quien en verdad quiere verme, me
encuentra." - seguía insistiendo la gitana mientras susurraba al oído de
la joven dama. "¡Perla! ¡Viniste! Te había estado esperando. ¡Qué
alegría el verte!" - contestó emocionada pero algo adormecida. La
emoción y la alegría eran tan grandes que Aureliana no se percató de su
desnudez. Se abrazó a la romaní perversa y esta se levantó de golpe.
"Duermes desnuda... ¡Quién lo diría! Eres mas traviesa de lo que
pensaba. No, no te sientas mal con tu desnudez, está muy bien que
duermas así. Es la manera adecuada de conocer el cuerpo. Dime algo; ¿has
soñado en estas noches?" - al decir esto le traía su bata de baño, no
quería que Lula al traer el desayuno descubriera que Aureliana estaba
desnuda. La pregunta le retumbó el pecho a la joven, pues si, había
soñado todas las noches desde su llegada a la casa azul. Pero los sueños
se hacían mas intensos desde la noche en el restaurante. "¿Cómo lo
sabes Perla?" "Porque puedo sentir tus sueños. No los veo, pero los
siento... Y se sienten muy rico... Jajajajajaja" - dijo de manera muy
pícara y doble intencionada, pero su risa era tan contagiosa que
Aureliana estalló en risas también. "Anda picara traviesa, cuéntame tus
sueños." - se sentó al pie de la cama mirando fijamente a los ojos de
Aureliana. Conversaron ávidamente hasta que Lula irrumpió.
"Aquí está el desayuno señoritas. Lo serviré en el balcón para que
disfruten de la vista y de la suave brisa cantábrica. Les preparé una
deliciosa tortilla con jamón y chorizo, tostadas de avena, queso
manchego, frutas frscas, jugo de arándanos y café con almendra y canela,
espero sea del agrado de ambas. ¿Algo más?" - entró Lula sin tocar a la
puerta, como queriendo descubrir algo, lo que fuera. "No Lula, gracias.
Cualquier cosa te buscaré. Ah si perdón, una cosa, diles a la Meme y a
la tía que hoy estaré todo el día con Perla, que no se preocupen por mi.
Hoy le pertenezco a ella." - Lula escuchó estas palabras y miró a la
gitana quien, con malicia, se sonreía. Algo perturbada la negra
respondió: "Así lo haré Srta., así lo haré." Ambas mujeres se sentaron a
la mesa a desayunar y hablar.
"¿Cuánto tiempo llevan allá
arriba? Ya me está preocupando la visita de esa." - argumentaba la Meme
con la tía. "No me gusta para nada esa amistad. Esa gente nada bueno
trae. Se muy bien lo que digo Marí José. No se como has dejado entrar a
esa a la casa y mas aun, como le permitiste llegar a donde Aureliana. Si
Marco Antonio o el mismo Alejandro se llegaran a enterar, nos iría muy
mal." - continuaba refunfuñando la abuela mientras tomaban te en el
balcón de la estancia. "Meme linda, tranquila, no va a pasar nada.
Mientras estén aquí todo está bajo control. Si nos vamos en contra de
esa amistad, empeoraríamos la situación. Además querida, como una vez
dije, los gitanos no son lo que las gentes dicen. ¿Acaso no recuerdas la
gentileza que tuvieron con nosotras la otra noche? Créeme, no son gente
mala, solo son unos incomprendidos por las mentes prejuiciadas. Y ella,
Perla, mejor tenerla cerca." - hablaba con calma la tía, tratando de
tranquilizar a la vieja abuela.
De repente aparecieron las dos
jóvenes en el balcón. Aureliana se había preparado para salir. Llevaba
puesto un traje violeta, del mismo color que el que llevaba Perla y
lucía el ónix que Marciano le había obsequiado. Se veía deslumbrante.
"Amores, voy a dar una vuelta por la Plaza y luego iré al campamento.
Estaré a la hora de cenar de vuelta. Las amo..." - fue todo lo que dijo
Aureliana, no permitió que ninguna opinara. Salieron juntas y segundos
después se escuchó el sonido del motor de una motoneta, la de Perla.
"No entiendo nada. Esa no es mi Aureliana. Ella me hubiese pedido
permiso para salir. No me llamó para que le ayudase a arreglar. ¡Cómo me
la han cambiado!" - dijo con dolor la Meme. En sus verdes ojos se
asomaban las lágrimas. "Desde que Viviana nos dejó, me he hecho cargo de
mi muchacha. La he cuidado y criado como mía. Marco Antonio no podía
con el dolor de la partida y con una bebé de meses, así que me mandó a
buscar a Andalucía donde vivía tranquila en mi palacete. Lo dejé todo
por ella, por ellos. La vi crecer. Le enseñé sus primeras palabras y la
vi dar sus primeros pasos. Escogí sus maestras y hasta el traje que
lució la noche en que fue presentada ante la sociedad de Villa
Nostalgias. Muchas veces la defendí de su padre. He sido su refugio y
paño de lágrimas. Mira ahora como me paga Marí. ¡Qué dolor siento en mi
pecho!" - estalló en llanto.
"Cálmate Meme, no te pongas así.
Era de esperarse mi vieja bella. Ya Aureliana dejó de ser una niña.
Acaba de cumplir sus veintidós años. Las chicas de hoy día se rebelan
mucho antes que esto. Nuestra mujercita ha sido y es muy buena. Has
hecho un excelente trabajo con ella, no creo que debas preocuparte. Ha
vivido una vida encerrada, conociendo sólo lo que Marco Antonio le ha
permitido. Era de esperarse que esto ocurriera mujer. Ven, vamos
adentro, te prepararé una tisana de lavanda y menta." - la consolaba la
tía mientras la invitaba a entrar. Subieron juntas hasta la cocina donde
les recibió Lula.
Perla y Aureliana se paseaban por la plaza.
Eran el punto focal de la misma. Los hombres las miraban, observaban y
codiciaban. Las mujeres las envidiaban y odiaban. Hasta el párroco
sufría calores debajo de la sotana. Aureliana se percató de lo que
sucedía a su alrededor y sintió que esto le gustaba. Comenzó a caminar
con mas cadencia. Aprendía a mirar a los ojos directamente, tal cual lo
hacía Perla. Ya no le daba temor reírse a carcajadas y mucho menos
hablar en voz alta. Se sentía segura de ella, le gustaba lo que
descubría debajo de su alma.
Ya habían caminado alrededor de
la Plaza varias veces. Decidieron sentarse en el banco central del
tercer cuadrante de la misma. "¿Has estado con un hombre? - preguntó
Perla, conociendo la respuesta. Esto ruborizó a Aureliana, quien sólo
bajó su cabeza. "No sientas vergüenza de ser virgen. No todas tenemos el
honor de serlo. Para mi es algo muy raro, pues conozco hombre desde muy
joven. Pero para que te cuento eso... ¿Te gustaría estar con uno?" -
esta pregunta la hizo palidecer y suspirar a la vez. "Perla, para mi
estos temas son difíciles. Nunca he hablado con nadie acerca de esto. Tu
me inspiras confianza, a ti si te puedo decir. Claro que me muero por
saber que es estar entre los brazos de un hombre. Quiero sentirme amada,
deseada. Sólo he conocido los besos de Alejandro, que no han sido
tantos pues siempre me evita, dice que su prometida tiene que ser casta y
cauta. ¡Eso me fastidia tanto! Aveces pienso que debe tener otras, casi
no le veo por sus viajes. ¿Sabes algo? Creo que ni le amo." - se
confesó Aureliana, sintiendo gran alivio.
"¡Ay mi reina, que ya
me imaginaba algo así! Vamos por parte. Para estar entre los brazos de
un hombre no hay que sentir amor. No me mires así que lo que te digo es
tan cierto como los rayos del sol. Para estar con un hombre solo basta
querer estarlo, y aveces ni eso, pero ese no es el caso. Se que eres
soñadora y que vives en tus mundos perfectos, eso está muy bien. Ya
quisiera yo vivir junto a ti en esas tierras. Pero la vida es otra mi
reina. A los hombres hay que tenerles de lejos, sobretodo a los gayí
como tu Alejandro. Quieren tener una mujer segura, la que hacen su
esposa. La meten en una casa llena de lujos, trapos y joyas, la llenan
de muchachitos y no le permiten ser. La esconden. Mientras en la
calle... se divierten con las demás. Así son los gayí. Los calé son mas
fieles. Cuando se enamoran, se enamoran y no hay nadie más. Mira que yo
te lo digo y juro en sangre Aureliana, mira que varios hombres han
pasado por estas faldas, hasta un párroco. Ese hombre que te ame de
verdad, te hará sentir mucho mas que amada y deseada." - Aureliana la
escuchaba casi sin pestañear.
"Hablando de lo que te sucede
con el Alejandro, ¡cómo no has de sentirte así! Mujer si te lo han
acomodao'. Te lo escogieron. Te lo han pintao' al cuento. Y de que tiene
otras, en sangre te lo juro también. ¿Amarlo? Busca bien debajo de tu
piel. Cuando cierras los ojos al tocarte, ¿a quién ves, sientes? No es a
Alejandro, ¿verdad? Recuerda que yo siento tus sueños... Jajajajajaja
No te ruborices por estas cosas mi reina..."
Aureliana se río
de las ocurrencias de la gitana, pero era cierto, no era a Alejandro. "Y
en cuanto a que sólo has estado en los brazos de Alejandro y que sólo
sus labios has besao', no es cierto mi reina. ¿Qué me dices del
Marciano?" - diciendo esto, tocó el ónix que pendía del cuello de
Aureliana. Una oleada de calor subió desde los tobillos hasta el vientre
de la joven. Escalofrío recorrió su espalda y fuertes latidos entre las
piernas al escuchar el nombre del calé. "Ya veo, veo quien es el que te
toca sin tocarte... Tranquila y quieta, tu secreto está seguro en mi
pecho. Buen gusto tienes, muy buen gusto. Además de ser uno de los
mejores hombres del campamento, será nuestro jefe pronto y no tiene
mujer en su carreta. Una sola cosa tendría que preocuparnos, no eres
gitana. ¿No lo eres? Pero de que le gustas... Veremos que hacer. No
serías la primera gayí que se uniera a un jefe, con el tiempo se que te
ganarías la comarca." - Aureliana no creía lo que escuchaba. Le gustaba
era cierto, pero le aterraba. No solo el hecho de estar comprometida y
que su padre podría infartar, ella conocía las leyes de los gitanos.
Esto si le preocupaba.
"Perla, no digas esas cosas. No podría
dejar a Alejandro. En dos meses es nuestro matrimonio. Ya todo está
arreglado. Además, no tengo sangre romaní. No puede ser amiga, sabes que
no puede ser." - dijo con aire de melancólica tristeza. Perla se puso
de pie y la miró fijamente a los ojos: "Mientras hay vida mi reina de mi
arma, todo se puede. No te entristezcas. Déjamelo a mi. Ven, vamos al
campamento. Quiero que conozcas mi gente. Se que alguien se pondrá muy
contento al verte llegar. Vamos a la motoneta." Las jóvenes caminaron
por el centro de la plaza, llamando la atención de todos. Unos las
admiraban y codiciaban, y las otras, las envidiaban y odiaban.
"¡Alejandro! ¿Qué haces acá? ¿Cuándo llegaste? ¡Sobrino bello, que
sorpresa!" - gritaba emocionada la tía Marí. "Tía bella, llegué hace
apenas dos horas, del aeropuerto me vine directamente acá. Necesito mi
casa, mi playa, mi Plaza... Extrañaba este olor a mar como nunca antes.
Estás preciosa mujer, ¿qué te has hecho?" - decía esto mientras la
abrazaba con fuerzas. Para Alejandro su tía era como la madre que nunca
conoció. Era, según el, a la única que le era fiel. "Ven, vamos a mi
habitación, tengo varios regalos para ti en mis maletas. Mmmmm y
hablando de maletas, ¿aun están aquí?" - Marí palideció y puso su dedo
en la boca de Alejandro para evitar que este siguiera hablando. "Si,
están aun aquí. Aureliana salió esta mañana de paseo, dijo que llegaría
para la cena y la Meme está en su cuarto descansando. También anda por
ahí ella." - hablaba en susurros mientras subían las escaleras. "¿Ella?
¡Qué fastidio! Totalmente inoportuna, tal cual ella es. A ver como me
las arreglo. Y ¿cuánto tiempo estarán las otras? Esperaba pasar estos
dos meses que me quedan de soltero en paz." - replicaba el hombre ya en
la habitación. "No hables así Alejandro, ese matrimonio es tu mejor
decisión, ya verás."
"¡Mare, mare, que Perla ha llegao! Y no
viene sola. Ha traio' con ella la señorina de los ojos celeste. Están en
donde la Genara." - se escuchaba gritar a un niño hacia adentro de una
carreta. "Pues ve y dile al Marciano, por esa noticia te va a pagá bien.
Anda, corre Francisco, antes que otro se te adelante." - el niño salió
corriendo como si estuviera corriendo sobre candela.
"Tata
Genara, écheme la bendición. He venido a visitarte un rato y a traerte a
alguien que quiero conozcas. Sal de ahí vieja bendita y dame un beso." -
de la carreta salía una mujer que por su porte debía tener la misma
edad de la Meme, aunque se veía mas fuerte. Vestía un traje gris, aun
llevaba los hombros por fuera. Llevaba una trenza, también gris y un
pañuelo negro en la cabeza. En su mano derecha, en el dedo del corazón,
llevaba una sortija de plata y ónix. Una piedra de ónix idéntica a la
que llevaba Aureliana en su cuello. Su rostro aunque era tosco,
reflejaba ternura. "Miren pues quien se ha dignao' en venir a esta
carreta vieja, la Perla. ¿Cómo estás mujer? Ha tiempo que no sabía de
tus entuertos. Se que andas en una encomienda del viejo, pero antes
siempre sacabas tiempo pa' sentarte conmigo a leer las cartas y beber
ron del bueno. Que la virgen negra me la haga una santa." - la
santiguaba. "A ver, ¿a quién me has traído hasta aquí? A pues bien,
miren que ha llegao temprano. Mira que es mas que bonita la reina." -
mirando de frente a Aureliana. "¿Cómo te llaman muchachita?" - las
llevaba directo a la carreta, donde unos naipes españoles, un buen ron
de maíz y caña y unas leyendas gitanas les esperaban.
"¡Taita,
que soy yo, Marciano! ¿Puedo entrá' en su carreta, Mare querida? Mire
que le traigo algo que se le va a gustá." - era la fuerte voz de
Marciano, quien traía en sus manos algodón de azúcar para la vieja.
Genara era su abuela, quien lo había criado ya que su madre lo había
abandonado para casarse con un gayí. "Mi nieto favorito, como no ha de
serlo si es el único... Se que no vienes a traerme nada, se que te
fueron con la hablilla de que tengo dos mujeres bellas y jóvenes en mi
carreta. ¡Buen calé que eres! Pasa hombre, esta es tu casa y tanta
parsimonia me agobia." - farfulló la jovial vieja entre seria y risueña.
"¡Pero miren si en verdá me has traìo algo! Y ¡cómo me gusta el algodón
de azúcar! Pero veo que traes mas de uno... ¡ándale! ¿No he dicho que
es un buen calé? Dale uno a cada hembra. Mujeres, este es mi Marciano.
Perla, pa' ti no es nuevo, que te has criaó con el desde ser unos
coñazos. ¡Mira que me dieron guerra! Si les gustaba pelear por todo y
esta, esta es brava con la espada. Hoy, son como hermanos. La que se
meta con el, se las tiene que arreglá con ella. El que ose jugar con
Perla... Las ánimas lo reciben en el estrado." - todos prorrumpieron en
carcajadas al escuchar y ver la vieja decir esto último.
Marciano no dudó al sentarse frente a Aureliana. Quería mirarla a los
ojos, quería verla por dentro. Aureliana sintió un fuerte golpe en el
cuerpo, mas fuerte aun que las corrientes que sentía en su cuarto por
las noches. Sentía la mirada del gitano recorrerla toda.
La
vieja agarró la mano de Aureliana: "Esta, esta es una reina. Aureliana
le han nombrao desde que nació. Es preciosa por fuera y por dentro.
¡Cómo si no lo hubieses notao' tu solito! Su mare no la crió, se fue de
su vía cuando ella era una cría. Yo le estaba leyendo las cartas cuando
llegaste. Y lo que vi así por encimita, es de escribirse. Vi mucho, vi
todo, pasado, presente y futuro. Pero mi arma está en paz, serena. Sabes
pues Perla, tu encomienda está muy bien hecha. Y tu mijo, a portarse
bien. Tu mi reina, todo está donde tiene." Todos enmudecieron.
Perla rompió el oscuro silencio iluminado por el momento: "Tata Genara,
necesito que me acompañes a mi carreta un momento, mira que el mango de
mi puñal se me ha aflojao. ¿Sabrás donde me lo pueden arreglar? - decía
esto haciendo ojos y caras a la vieja, quería dejarlos solos. La Genara
se sonrió maliciosamente: "Yo de puñales se lo que la reina sabe de
quimeras. Pero claro que te acompaño. Ustedes se pueden quedar aquí
tranquilos, de seguro que nadie vendrá a molestar. Total, nosotras
regresaremos pronto, tan pronto como le arreglen el puñal a la Perla. Y
tu muchacha, tranquila, mi nieto no muerde... Un poco, pero ya mordió
esta mañana. ¡Jum! A menos que quieras ser su presa, eso queda entre
ustedes y la carreta. Y tu mi santo, a portarse bien con ella, es
buena." - salieron las gitanas dejando atrás a la pareja.
Afuera Perla encendió inciensos y ramitas de olor. La vieja prendió un
radio que estaba sintonizado en la estación que sólo tocaba tangos y
cante jondo. Se miraron con complicidad y se alejaron.
Adentro,
Aureliana sentía que el corazón quería salir de su sitio. El se acomodó
en los cojines y siguió observándola. "Aureliana, tienes el dije de
ónix en tu cuello. Quisiera pensar que lo tienes puesto desde esa misma
noche. Ven, acércate mujer, no te haré daño, no podría." - le extendió
su mano para que esta se acercara a donde el estaba recostado. Ella lo
miró esta vez directamente a sus nocturnales ojos y su cuerpo respondió
de un golpe, gateó por los cojines hasta llegar al lado del gitano.
"Pues si, lo llevo puesto desde esa noche y no pienso quitármelo." -
respondió Aureliana. Esto hizo sonreír de manera especial a Marciano,
quien se acercó aun mas a la joven. "Esa fragancia que llevas, es la que
usan las reinas de la comarca. ¿Quién te la ha dado? No me digas,
Perla. Me gusta como huele en tu piel. Huele diferente, me encanta. Tu
me encantas..." - a la vez que decía esto, acariciaba el rostro de
Aureliana, quien había cerrado sus ojos para vivir el momento. "No, no
cierres tus ojos, no me niegues el cielo que hay en ellos. Quiero que me
mires mientras te digo lo que guardo para ti en el pecho. Eso es mi
reina, abre esos ojos que me matan."- abrió los ojos lentamente para
darse cuenta de lo cerca que estaban. Tan cerca que podía sentir la
respiración de ella chocar con la de él.
"Esto no es correcto
Marciano. No es correcto que esté a solas contigo. No es correcto que no
quiera irme corriendo. No es correcto que desee sentir tus labios de
nuevo.- y lo besó. Fue un beso tierno primero, con algo de temor. Poco a
poco se fue alimentando el fuego y la intensidad de los besos fueron
"in cressendo". Marciano acariciaba con cuidado a Aureliana, sabía que
ella no estaba acostumbrada aun a este tipo de encuentros. La joven
ardía de pasión en los brazos del gitano cuando de los labios de él
salió; "Te amo." Ella se sentó de un golpe y le agarró las manos, muy
nerviosa, aturdida, confundida.
"Marciano, acabas de decirme
que me amas. Me dices que me amas. ¿Me amas?" - preguntaba con asombro
al hombre que buscaba besarla. "Aureliana, me enamoré de ti el día que
entraste con tu abuela en la comarca. Yo estaba arreglando la carreta de
los niños y tu pasaste por allí. Hablaste con ellos, les contaste unos
cuentos y les besaste a todos. No te voy a negar que de primera
intención no me gustó verte aquí, pero cuando te acercaste, cuando vi tu
rostro de cerca y la manera tan dulce que trataste a los niños, te me
metiste en la piel, en el centro del pecho mujer. Si, te amo y se que tu
me amas." Ella se acurrucó en el pecho de Marciano y este la abrazó
como quien no quiere dejar ir a alguien. Y cantó para que toda la
comarca le escuchara:
"Eres tu la mujé que me ha robao el arma
La mujé que se llevó todo mi ser
Eres la dueña de mi quimera y melancolía
La razón de esta canto, mi ser y mi queré"
"La que me ha cautivao la luz de la vida
Quien ha de curar con sus besos mis heridas
Esa en la que por las noches fuerte pienso
Con la que quiero ver por siempre al amanecé"
"Eres tu esa mujé
Tu el amor de mi queré
Eres tu Aureliana de mis amores
Eres tu mi mujé"
Ella sollozaba en los brazos de Marciano. "No, no sigas cantando. Mira,
mira mi mano. Si, si, así como lo ves, estoy comprometida en matrimonio
con alguien mas. Esto es mi sueño, tu eres mi sueño. Solo eso amor mío,
un sueño. Y aun cuando no estuviera comprometida, sería prohibida
nuestra relación, no soy gitana. Tu pronto te convertirás en el jefe del
campamento, tienes que casarte con una de tu sangre. Ves, todo está en
nuestra contra."
Perla entró reclamando: "Que te dije que no
lloraras Aureliana. Mientras haya un hálito de vía, todo se puede. Que
no naciste pa' llorar, naciste pa' reír y hacer reír. Tu viá ha de
cambiar, pa' esto llegué a ti. Es hora de irnos. No quiero que los
aires se tornen grises aun. Todavía no." La pareja se dio un penúltimo
beso, se abrazaron fuerte y Aureliana salió.
"Allí va nuestra reina. La que nos habían robao', ya llegó."- dijo Genara mientras encendía una fogata.
Viento Serena
(Lala©2012)

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