El retrato de Perla IV
Lupe, como siempre llega
"Nos vemos pronto Aureliana. No llores mas. Recuerda, hay vía' en las
venas. Todo a su tiempo llega. Toma, guarda esto en tu cuerpo. Escóndelo
en tu pecho. Es un amuleto, a su tiempo mi reina, a su tiempo." -
entregando una piedrecita violeta en forma de luna, encendió la motoneta
y partió al campamento. No dejó que Aureliana dijera algo. Miró la
figurita, la besó y la colocó bajo su seno derecho. Caminó hacia la
puerta de la casa azul.
Ya dentro de la hermosa casa, subió las
escaleras como quien va a la hoguera, no quería estar ahí. Llegó hasta
la puerta de su habitación y antes de abrirla, la Meme salió del mismo:
"Mi niña, ya llegaste. Te extrañé mucho. Parece que te divertiste mucho
con ella. Anda, cuenta, cuéntame tu día. No, mejor ve a refrescarte. Te
voy a preparar la tina. Tengo unas sales aromáticas que te gustaran, son
muy buenas. Voy a buscarte el traje blanco con bordados de cristal en
el ruedo y sacaré del cofre tus zarcillos de diamantes y la gargantilla
que le hace juego. Déjame quitarte ese adefesio que llevas en el
cuello." - la Meme la recibió en su habitación. Decía todo esto como
quien quiere evitar lo inevitable. Trató de quitarle el dije
conspicuamente: "No vuelvas a intentar quitarme mi ónix. No me lo pienso
quitar. Respeta mis decisiones." - quitando las manos de la vieja de su
cuello, molesta. "No quiero que sigas preparando mis cosas, ya lo había
dicho. De ahora en adelante yo tomaré las riendas de todo." - aun
molesta.
Al ver la tristeza en los ojos de su abuela, se acercó
a ella y poniendo sus brazos sobre los hombros de esta le dijo: "No
quiero que te sientas triste, no me malentiendas. Yo te adoro Mi Meme
mía, pero ya soy una mujer. Quiero que descanses, que te des tu tiempo.
Basta de que me sirvas como si fueras mi sirvienta, eres mi abuela.
Estoy muy agradecida por todo lo que has hecho por mi, sin ti no hubiese
llegado a ser quien soy. Ahora me toca a mi." - diciendo esto, la beso
con suma ternura en las manos. La vieja la miró como cuando niña: "¡Ay
mi nieta hermosa, te me vas de las manos! Ya tus alas han crecido y
piden ser abiertas. Yo no estoy lista para esto. Tu eres todo lo que me
queda. Tengo miedo, mucho. Veo como has crecido y como vas creciendo.
Veo como el destino llega. Un barrunto amargo me corroe el cuerpo desde
que llegó ella. No me sienta para nada. Tiene un aire oscuro en su
espalda. Cuídate mi niña, cuidado." - mirando a los ojos de su nieta,
con amor le expresaba. Aun cuando ya sabía que no había regreso.
"Meme, no seas prejuiciosa por favor. Nunca antes te conocí así. Con el
tiempo verás que equivocada estas. Voy a darme un baño y me acostaré
temprano. Por favor, discúlpame con la tía, hoy no cenaré. Ha sido un
día muy intenso."- dijo ignorando que Alejandro había llegado. La vieja
asintió, le besó la frente y se marchó en silencio.
En la
comarca, una Genara feliz le hablaba a Marciano: "Mira, mira, mira...
¡Que se me ha quedao ensimismao el nieto! Nunca antes te vi así, si
hasta la mirada te ha cambiao. Pero te entiendo Marciano, esa mujer es
distinta, es bella y buena, la reina. Ven pa' ca, toma esta copa de ron.
Ven, cuéntame ese dolor que tienes entre cuero y carne. Siéntate aquí
como cuando eras un chamaco." - extendía la mano la vieja invitando a su
nieto a sentarse a los pies de su sillón. El joven la miró con amor y
obedeció el requerimiento. "Taita, esa mujer se me ha metío en el pecho.
No pasa una noche en la que no sueñe con tenerla en mi carreta. Cuando
me miro en sus ojos, siento que las fuerzas de la tierra me son
concedidas. Al sentir su olor, el cielo a mis manos se acerca. Su voz es
el cante mas bello que he escuchao en vida alguna. Y cuando la beso...
Cuando siento su piel... Soy el dueño del mismo universo." La vieja lo
escuchaba atenta, con una media sonrisa esbozada y los ojos cerrados.
"La quiero mía. La quiero mi esposa, mi mujer, la mare pa' mis hijos,
ya es la dueña del alma mía. No sabes como me pongo al pensarla casada
con otro. Me hierve el veneno que llevo por dentro en las venas. No, eso
nunca va a pasar. ¡Nunca! Aureliana será mi reina. Aunque me tenga que
ir de la comarca." La vieja abrió sus ojos al escuchar esto y de un
golpe interrumpió refutando: "Ustedes no tendrán que irse a ningún lao.
Ya lo dije una vez y no me gusta repetir lo dicho. Tienes que aprender a
escuchar mas pa' dentro de lo dicho. Leer las líneas que no se ven en
mi libreta. A veces las verdades se esconden cuando no se esconden y los
mejores secretos son los que se exponen. Solo hay que esperar,
tranquilos, serenos... Esta noche se pinta de niebla. Perla está
revuelta. La Lupe, la Guadalupe, como siempre llega."
Afuera en
el campamento, todos comentaban la visita de Aureliana. Las mujeres
habían comenzado a tejer nuevas telas y a preparar nuevas fragancias,
mientras unas con otras murmuraban. Los hombres en los corrales se
alegraban de que por fin su próximo jefe conociera mujer. Las viejas
echaban las suertes. Y los viejos, los viejos esperaban lo que estaba
escrito, lo que se estaba escribiendo. Por otro lado Perla, en su
carreta leía las cartas, esperando esperaba.
"¿Dónde te has
metío mujer! Que he llegao porque me llamabas... Mira perversa de mi
arma, sal de ahí, que si entro puedo quedar paralizada. Que hasta acá
siento tus tormentos, Perla, sal y dame un beso bendita gitana malvada!"
- Lupe, como siempre llegaba.
Una rubia mujer de ojos ámbar,
boca sensualmente delineada, cuerpo de buena hembra, esa es la gitana de
las arenas. Desde niñas Perla y ella argumentaban por todo. Competían
constantemente. La rivalidad entrambas no era desconocida. Se odiaban a
muerte, pero se amaban más que si fueran de la misma sangre hermanas.
Podían pelearse todo el tiempo, pero !ay de quien se metiera con alguna
de ellas! la otra no tardaría en defender a su sombra. Nadie nunca pudo
entender esta relación tan valiosa.
Guadalupe es una cantaora
como ninguna. Vive de plaza en plaza cantando las memorias escritas en
el viento. Y de cuando en vez, regresa a la comarca a buscar pleito con
su gemela del alma. Esta vez las brisas la trajeron pues Perla, en uno
de esos conjuros, le hizo llegar lo que estaba sucediendo. Aquí estaba,
vestida con tonalidades rosadas, frente a la carreta de la gitana,
látigo en mano, esperando el abrazo de su íntima enemiga y el beso de su
amada hermana.
"¡Joder! ¡Miren quien ha hecho su triunfal
entrada! ¡Musaraña de sandalias! ¿Quién te ha llamao por estos lares
rubia mora de las arenas?" - exclamaba Perla toda emocionada mientras
saltaba de la carreta justo al lado de Guadalupe, enlazándose en un
fuerte abrazo, seguido por un fraternal beso. "Vamos, vamos, dejemos
estas cursilerías y encendamos la fiesta, que ha llegao la gitana de las
arenas!" - Guadalupe dio un latigazo al aire mientras exclamaba. Y como
por magia, todo en la comarca despertaba, la fiesta de bienvenida
estaba montada.
La fiesta iba en decadencia. Poco a poco los
gitanos se fueron retirando a sus carretas. Ya habían bebido, cantado,
bailado, vivido lo suficiente como para estar extenuados. Quedaban pocos
alrededor de la hoguera. "Lupe, canta, saca del pecho lo que sientas.
Hace tiempo que no te escuchamos mujer." - dijo uno de los viejos de la
comarca agarrando el bandoneón. Le siguió la Genara que agarró su violín
y Marciano la guitarra. Perla se paró en el medio, pues era costumbre,
mientras Guadalupe cantaba lo que de su alma emergía, ella se dejaba
llevar por el sentimiento de las palabras y las olas de la música,
bailaba.
"Ole, que ole
Ole
Ole, que ole
Oh siento penas"
"Mi virgencita morena mía
Mira que he regresao a mi tierra
Mira que he vuelto a mi carreta
Pues en mi arma siempre llevo mi arena"
"Esta noche entristecida canto
Canto por no llorá con la brisa eterna
Siento en mi pecho un frío amargo
Siento un doló maldito que me encadena"
"Ole que ole
Ole
Ole que ole
Penas en mi arena"
"Virgen dime tu si es que puedes
Cuéntame al oído tu quimera
Dime susurrando al oído si quieres
Quien por amor desangra sus venas"
"Ay mi santa patrona no me ignores
Ay mi santa escucha el clamor de mis quejas
Mira que he venío desde lejos
Vengo a ayudar con mi sangre en esta encomienda
Necesito saber lo que piensas
Te imploro me des luz que me esclarezca"
"Oh, ole que ole
Ole
Que siento dolor de parto en mis venas
Ay, ole que ole
Ole
Dime donde me han escondío a mi reina
Donde se han llevao a esa gitana
Donde han eclaustrao a mi hermana"
Cuando terminó su cante, bañada en lágrimas, miró a los ojos de Perla,
quien también lloraba. Ahora si que había entendido por completo el
propósito de su visita. Abrazando fuerte a Perla: "¿Dónde está mi
hermana?" - susurró al oído de la gitana. Perla con amor le contestaba:
"Mañana te llevaré con ella, pero no puedes decir nada. Aun no sabe.
Ven, vamos a dormir mejor, hemos bebío mucho y no entenderás bien. Te
juro que mañana te lo explico todo antes de que la conozcas. Vamos,
duerme conmigo esta noche." - se retiraban lentamente. La música nunca
cesó, lloró toda la noche.
El sol salió quedamente, como
queriendo retrasar las ondas del destino. Genara en su carreta las
cartas echaba y se santiguaba. "Ya llegó ella, la que faltaba. Ya la
surte está echada. Es sólo cosa de esperá tranquilita. Perla ha hecho
muy buen trabajo, hasta ahora. Voy a tener que hablar con ella, no vaya a
cometer cualquier tontera. Mira que cuando estas dos se juntan, por mas
que se amen, siempre se enciende la candela. Pero todo está aquí
escrito. Todo ya está decidío. Tiempo y menos tiempo y luego serán solo
recuerdos. Hoy comenzamos a recuperar fuerzas, hoy habrá en la casa azul
una tormenta. Pronto tendremos de vuelta a nuestra reina, cada quien
recibirá el pago por su afrenta." - se levantó dejando las cartas sobre
la mesa, subió a su carreta.
"Que te he preparao una harina con
jengibre y canela, acá tienes café con leche de cabra acabá de ordeñar,
despierta mujé. Siempre que bebes te pasa esto. Mira rubia mora que
tenemos mucho que hablá y mucho más por hacé. Hoy al ocaso tenemos que
llegá a la casa azul." - zarandeaba con fuerza a Guadalupe que
refunfuñaba. "¡A la casa azul! ¿A qué demonios tenemos que ir a ese
infierno! Sabes como odio ese lugar, como odio a ese..." - exclamó
enfurecida la gitana dorada. "Pues vas a tené que aguantarte el odio.
Allá está ella. Te dije que hoy sería un día mas fuerte. Anda come y
date un baño pa' que te refresques y luego hablamos. Te espero en donde
Genara. No te tardes, hay mucho que hacé." - diciendo esto, Perla,
vestida de turquesa y blanco, salió de su carreta.
"Perla,
acabo de pasar por la casa azul y las ventanas del cuarto grande estaban
abiertas. Me acerqué un poco mas y allí estaba, paradote como un
monigote, fumando su puro. No me vio, pero yo lo vi."- el mismo niño que
le había informado a Marciano que Aureliana estaba con Genara, le
contaba a Perla lo que había descubierto. Esta, agarrando al chaval por
el brazo, entre nerviosa y molesta: "¿Estás seguro de lo que dices?
¡Mira que si no es cierto esta noche los ratones te comen la lengua!
Necesito que me digas si es cierto." El niño abrió sus ojos aterrado:
"¡Que no te miento Perla! ¡Qué lo he visto con estos mis propios ojos
que se han de tragar la tierra!" Perla lo soltó y paso su mano por la
cabeza del pilluelo. De su pecho sacó un bolsito de terciopelo negro del
cual extrajo dos monedas de plata y se las dio al jovenzuelo. "Anda,
cómprate lo que quieras en el mercado, ve al cine, escóndelas de tu
hermano. Habrán mas de estas si me tienes al tanto de lo que veas en la
casa esa. Debes tener cuidado, si te agarran, canta un jondo y con eso
los atrapas. Pero ni se te ocurra mencionar nuestro trato. Ahora vete y
recuerda, esas monedas son tuyas, me avisas de robártelas tu hermano."
Federico salió contento. Perla entró maldiciendo a la carreta de la
Genara.
"¡Ave de mal agüero maldito! ¡Mil veces maldigo el
vientre que te cargó y mil veces más la vertiente que te parió! Has
venío a buscar lo que te ha sío concedido. Vas a comenzar a pagar todo
el daño que has hecho. Yo, Perla juro en sangre mora, que vierto en esta
copa sucia y vieja, que desde hoy mismo comienzas a purgar tu condena."
- declaraba Perla mientras con su puñal de plata abría un surco en la
palma de la mano, vertiendo su sangre en una copa de bronce con piedras
preciosas caladas en la misma.
"¡Muérgano! Mira que estamos
conjurando tempranito en la mañana. Como que los vientos se levantaron
recios hoy. Calma turbión... No pierdas el control. Todo lo que nos ha
llegao, tenía que llegá. Dame acá esa mano pa' curarla, mira que la has
de necesitá." - regañaba maternalmente la Genara a la muchacha mientras
le agarraba la mano y le limpiaba la herida que aun sangraba. La asperjó
con cenizas y unas hierbas que trituró en un mortero de hierro y la
vendó con tela turquesa. "En tres días vienes pa' quitarte las vendas."-
Perla la miraba como si fuera una niña, de sus grandes ojos salían
lágrimas. "Taita Genara, Alejandro está en casa azul." - la Genara
escupió hacia el lado izquierdo, cerró los ojos y dijo: "Que no me gusta
repetí lo que ya he dicho... Pero lo que nos ha llegao, tenía que
llegá. Tenemos que mantené la carma, mi hija de mi vía'. Todo caerá de a
poquito a poco... Ahí llegaron Marciano y la de las arenas. Temo que es
el tiempo de hablá." - dijo la vieja aun con sus esmeraldas ocultas.
Viento Serena
(Lala©2012)

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