Desde aquí, te llevare conmigo a mis noches de violín, bandoneon, pandero y guitarras. Beberás de la misma copa sucia conmigo y abrirás tus venas bajo la luz de luna...

Ahora que te has atrevido a montarte conmigo en mi carreta, te has preguntado hacia donde te he de llevar?

Ya es tarde, Enigma se a puesto a trotar...
No temas, déjate llevar...

jueves, 17 de mayo de 2012

El retrato de Perla IV

El retrato de Perla IV
Lupe, como siempre llega

"Nos vemos pronto Aureliana. No llores mas. Recuerda, hay vía' en las venas. Todo a su tiempo llega. Toma, guarda esto en tu cuerpo. Escóndelo en tu pecho. Es un amuleto, a su tiempo mi reina, a su tiempo." - entregando una piedrecita violeta en forma de luna, encendió la motoneta y partió al campamento. No dejó que Aureliana dijera algo. Miró la figurita, la besó y la colocó bajo su seno derecho. Caminó hacia la puerta de la casa azul.

Ya dentro de la hermosa casa, subió las escaleras como quien va a la hoguera, no quería estar ahí. Llegó hasta la puerta de su habitación y antes de abrirla, la Meme salió del mismo: "Mi niña, ya llegaste. Te extrañé mucho. Parece que te divertiste mucho con ella. Anda, cuenta, cuéntame tu día. No, mejor ve a refrescarte. Te voy a preparar la tina. Tengo unas sales aromáticas que te gustaran, son muy buenas. Voy a buscarte el traje blanco con bordados de cristal en el ruedo y sacaré del cofre tus zarcillos de diamantes y la gargantilla que le hace juego. Déjame quitarte ese adefesio que llevas en el cuello." - la Meme la recibió en su habitación. Decía todo esto como quien quiere evitar lo inevitable. Trató de quitarle el dije conspicuamente: "No vuelvas a intentar quitarme mi ónix. No me lo pienso quitar. Respeta mis decisiones." - quitando las manos de la vieja de su cuello, molesta. "No quiero que sigas preparando mis cosas, ya lo había dicho. De ahora en adelante yo tomaré las riendas de todo." - aun molesta.

Al ver la tristeza en los ojos de su abuela, se acercó a ella y poniendo sus brazos sobre los hombros de esta le dijo: "No quiero que te sientas triste, no me malentiendas. Yo te adoro Mi Meme mía, pero ya soy una mujer. Quiero que descanses, que te des tu tiempo. Basta de que me sirvas como si fueras mi sirvienta, eres mi abuela. Estoy muy agradecida por todo lo que has hecho por mi, sin ti no hubiese llegado a ser quien soy. Ahora me toca a mi." - diciendo esto, la beso con suma ternura en las manos. La vieja la miró como cuando niña: "¡Ay mi nieta hermosa, te me vas de las manos! Ya tus alas han crecido y piden ser abiertas. Yo no estoy lista para esto. Tu eres todo lo que me queda. Tengo miedo, mucho. Veo como has crecido y como vas creciendo. Veo como el destino llega. Un barrunto amargo me corroe el cuerpo desde que llegó ella. No me sienta para nada. Tiene un aire oscuro en su espalda. Cuídate mi niña, cuidado." - mirando a los ojos de su nieta, con amor le expresaba. Aun cuando ya sabía que no había regreso.

"Meme, no seas prejuiciosa por favor. Nunca antes te conocí así. Con el tiempo verás que equivocada estas. Voy a darme un baño y me acostaré temprano. Por favor, discúlpame con la tía, hoy no cenaré. Ha sido un día muy intenso."- dijo ignorando que Alejandro había llegado. La vieja asintió, le besó la frente y se marchó en silencio.

En la comarca, una Genara feliz le hablaba a Marciano: "Mira, mira, mira... ¡Que se me ha quedao ensimismao el nieto! Nunca antes te vi así, si hasta la mirada te ha cambiao. Pero te entiendo Marciano, esa mujer es distinta, es bella y buena, la reina. Ven pa' ca, toma esta copa de ron. Ven, cuéntame ese dolor que tienes entre cuero y carne. Siéntate aquí como cuando eras un chamaco." - extendía la mano la vieja invitando a su nieto a sentarse a los pies de su sillón. El joven la miró con amor y obedeció el requerimiento. "Taita, esa mujer se me ha metío en el pecho. No pasa una noche en la que no sueñe con tenerla en mi carreta. Cuando me miro en sus ojos, siento que las fuerzas de la tierra me son concedidas. Al sentir su olor, el cielo a mis manos se acerca. Su voz es el cante mas bello que he escuchao en vida alguna. Y cuando la beso... Cuando siento su piel... Soy el dueño del mismo universo." La vieja lo escuchaba atenta, con una media sonrisa esbozada y los ojos cerrados.

"La quiero mía. La quiero mi esposa, mi mujer, la mare pa' mis hijos, ya es la dueña del alma mía. No sabes como me pongo al pensarla casada con otro. Me hierve el veneno que llevo por dentro en las venas. No, eso nunca va a pasar. ¡Nunca! Aureliana será mi reina. Aunque me tenga que ir de la comarca." La vieja abrió sus ojos al escuchar esto y de un golpe interrumpió refutando: "Ustedes no tendrán que irse a ningún lao. Ya lo dije una vez y no me gusta repetir lo dicho. Tienes que aprender a escuchar mas pa' dentro de lo dicho. Leer las líneas que no se ven en mi libreta. A veces las verdades se esconden cuando no se esconden y los mejores secretos son los que se exponen. Solo hay que esperar, tranquilos, serenos... Esta noche se pinta de niebla. Perla está revuelta. La Lupe, la Guadalupe, como siempre llega."

Afuera en el campamento, todos comentaban la visita de Aureliana. Las mujeres habían comenzado a tejer nuevas telas y a preparar nuevas fragancias, mientras unas con otras murmuraban. Los hombres en los corrales se alegraban de que por fin su próximo jefe conociera mujer. Las viejas echaban las suertes. Y los viejos, los viejos esperaban lo que estaba escrito, lo que se estaba escribiendo. Por otro lado Perla, en su carreta leía las cartas, esperando esperaba.

"¿Dónde te has metío mujer! Que he llegao porque me llamabas... Mira perversa de mi arma, sal de ahí, que si entro puedo quedar paralizada. Que hasta acá siento tus tormentos, Perla, sal y dame un beso bendita gitana malvada!" - Lupe, como siempre llegaba.

Una rubia mujer de ojos ámbar, boca sensualmente delineada, cuerpo de buena hembra, esa es la gitana de las arenas. Desde niñas Perla y ella argumentaban por todo. Competían constantemente. La rivalidad entrambas no era desconocida. Se odiaban a muerte, pero se amaban más que si fueran de la misma sangre hermanas. Podían pelearse todo el tiempo, pero !ay de quien se metiera con alguna de ellas! la otra no tardaría en defender a su sombra. Nadie nunca pudo entender esta relación tan valiosa.

Guadalupe es una cantaora como ninguna. Vive de plaza en plaza cantando las memorias escritas en el viento. Y de cuando en vez, regresa a la comarca a buscar pleito con su gemela del alma. Esta vez las brisas la trajeron pues Perla, en uno de esos conjuros, le hizo llegar lo que estaba sucediendo. Aquí estaba, vestida con tonalidades rosadas, frente a la carreta de la gitana, látigo en mano, esperando el abrazo de su íntima enemiga y el beso de su amada hermana.

"¡Joder! ¡Miren quien ha hecho su triunfal entrada! ¡Musaraña de sandalias! ¿Quién te ha llamao por estos lares rubia mora de las arenas?" - exclamaba Perla toda emocionada mientras saltaba de la carreta justo al lado de Guadalupe, enlazándose en un fuerte abrazo, seguido por un fraternal beso. "Vamos, vamos, dejemos estas cursilerías y encendamos la fiesta, que ha llegao la gitana de las arenas!" - Guadalupe dio un latigazo al aire mientras exclamaba. Y como por magia, todo en la comarca despertaba, la fiesta de bienvenida estaba montada.

La fiesta iba en decadencia. Poco a poco los gitanos se fueron retirando a sus carretas. Ya habían bebido, cantado, bailado, vivido lo suficiente como para estar extenuados. Quedaban pocos alrededor de la hoguera. "Lupe, canta, saca del pecho lo que sientas. Hace tiempo que no te escuchamos mujer." - dijo uno de los viejos de la comarca agarrando el bandoneón. Le siguió la Genara que agarró su violín y Marciano la guitarra. Perla se paró en el medio, pues era costumbre, mientras Guadalupe cantaba lo que de su alma emergía, ella se dejaba llevar por el sentimiento de las palabras y las olas de la música, bailaba.

"Ole, que ole
Ole
Ole, que ole
Oh siento penas"

"Mi virgencita morena mía
Mira que he regresao a mi tierra
Mira que he vuelto a mi carreta
Pues en mi arma siempre llevo mi arena"

"Esta noche entristecida canto
Canto por no llorá con la brisa eterna
Siento en mi pecho un frío amargo
Siento un doló maldito que me encadena"

"Ole que ole
Ole
Ole que ole
Penas en mi arena"

"Virgen dime tu si es que puedes
Cuéntame al oído tu quimera
Dime susurrando al oído si quieres
Quien por amor desangra sus venas"

"Ay mi santa patrona no me ignores
Ay mi santa escucha el clamor de mis quejas
Mira que he venío desde lejos
Vengo a ayudar con mi sangre en esta encomienda
Necesito saber lo que piensas
Te imploro me des luz que me esclarezca"

"Oh, ole que ole
Ole
Que siento dolor de parto en mis venas
Ay, ole que ole
Ole
Dime donde me han escondío a mi reina
Donde se han llevao a esa gitana
Donde han eclaustrao a mi hermana"

Cuando terminó su cante, bañada en lágrimas, miró a los ojos de Perla, quien también lloraba. Ahora si que había entendido por completo el propósito de su visita. Abrazando fuerte a Perla: "¿Dónde está mi hermana?" - susurró al oído de la gitana. Perla con amor le contestaba: "Mañana te llevaré con ella, pero no puedes decir nada. Aun no sabe. Ven, vamos a dormir mejor, hemos bebío mucho y no entenderás bien. Te juro que mañana te lo explico todo antes de que la conozcas. Vamos, duerme conmigo esta noche." - se retiraban lentamente. La música nunca cesó, lloró toda la noche.

El sol salió quedamente, como queriendo retrasar las ondas del destino. Genara en su carreta las cartas echaba y se santiguaba. "Ya llegó ella, la que faltaba. Ya la surte está echada. Es sólo cosa de esperá tranquilita. Perla ha hecho muy buen trabajo, hasta ahora. Voy a tener que hablar con ella, no vaya a cometer cualquier tontera. Mira que cuando estas dos se juntan, por mas que se amen, siempre se enciende la candela. Pero todo está aquí escrito. Todo ya está decidío. Tiempo y menos tiempo y luego serán solo recuerdos. Hoy comenzamos a recuperar fuerzas, hoy habrá en la casa azul una tormenta. Pronto tendremos de vuelta a nuestra reina, cada quien recibirá el pago por su afrenta." - se levantó dejando las cartas sobre la mesa, subió a su carreta.

"Que te he preparao una harina con jengibre y canela, acá tienes café con leche de cabra acabá de ordeñar, despierta mujé. Siempre que bebes te pasa esto. Mira rubia mora que tenemos mucho que hablá y mucho más por hacé. Hoy al ocaso tenemos que llegá a la casa azul." - zarandeaba con fuerza a Guadalupe que refunfuñaba. "¡A la casa azul! ¿A qué demonios tenemos que ir a ese infierno! Sabes como odio ese lugar, como odio a ese..." - exclamó enfurecida la gitana dorada. "Pues vas a tené que aguantarte el odio. Allá está ella. Te dije que hoy sería un día mas fuerte. Anda come y date un baño pa' que te refresques y luego hablamos. Te espero en donde Genara. No te tardes, hay mucho que hacé." - diciendo esto, Perla, vestida de turquesa y blanco, salió de su carreta.

"Perla, acabo de pasar por la casa azul y las ventanas del cuarto grande estaban abiertas. Me acerqué un poco mas y allí estaba, paradote como un monigote, fumando su puro. No me vio, pero yo lo vi."- el mismo niño que le había informado a Marciano que Aureliana estaba con Genara, le contaba a Perla lo que había descubierto. Esta, agarrando al chaval por el brazo, entre nerviosa y molesta: "¿Estás seguro de lo que dices? ¡Mira que si no es cierto esta noche los ratones te comen la lengua! Necesito que me digas si es cierto." El niño abrió sus ojos aterrado: "¡Que no te miento Perla! ¡Qué lo he visto con estos mis propios ojos que se han de tragar la tierra!" Perla lo soltó y paso su mano por la cabeza del pilluelo. De su pecho sacó un bolsito de terciopelo negro del cual extrajo dos monedas de plata y se las dio al jovenzuelo. "Anda, cómprate lo que quieras en el mercado, ve al cine, escóndelas de tu hermano. Habrán mas de estas si me tienes al tanto de lo que veas en la casa esa. Debes tener cuidado, si te agarran, canta un jondo y con eso los atrapas. Pero ni se te ocurra mencionar nuestro trato. Ahora vete y recuerda, esas monedas son tuyas, me avisas de robártelas tu hermano." Federico salió contento. Perla entró maldiciendo a la carreta de la Genara.

"¡Ave de mal agüero maldito! ¡Mil veces maldigo el vientre que te cargó y mil veces más la vertiente que te parió! Has venío a buscar lo que te ha sío concedido. Vas a comenzar a pagar todo el daño que has hecho. Yo, Perla juro en sangre mora, que vierto en esta copa sucia y vieja, que desde hoy mismo comienzas a purgar tu condena." - declaraba Perla mientras con su puñal de plata abría un surco en la palma de la mano, vertiendo su sangre en una copa de bronce con piedras preciosas caladas en la misma.

"¡Muérgano! Mira que estamos conjurando tempranito en la mañana. Como que los vientos se levantaron recios hoy. Calma turbión... No pierdas el control. Todo lo que nos ha llegao, tenía que llegá. Dame acá esa mano pa' curarla, mira que la has de necesitá." - regañaba maternalmente la Genara a la muchacha mientras le agarraba la mano y le limpiaba la herida que aun sangraba. La asperjó con cenizas y unas hierbas que trituró en un mortero de hierro y la vendó con tela turquesa. "En tres días vienes pa' quitarte las vendas."- Perla la miraba como si fuera una niña, de sus grandes ojos salían lágrimas. "Taita Genara, Alejandro está en casa azul." - la Genara escupió hacia el lado izquierdo, cerró los ojos y dijo: "Que no me gusta repetí lo que ya he dicho... Pero lo que nos ha llegao, tenía que llegá. Tenemos que mantené la carma, mi hija de mi vía'. Todo caerá de a poquito a poco... Ahí llegaron Marciano y la de las arenas. Temo que es el tiempo de hablá." - dijo la vieja aun con sus esmeraldas ocultas.


Viento Serena
(Lala©2012)

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