El retrato de Perla (Parte I)
Perla y Aureliana
"Vamos mi niña, que no ha pasado nada. Deja de llorar ya, se te va a
borrar la mirada. Mira que una pintura vieja en un baúl no implica ni
significa nada." - Argumentaba la impávida vieja al ver a su nieta entre
lágrimas ahogada. “Meme mía, ¿es que acaso no reconoces la imagen de la
pintura? Es ella, la maldita gitana de las extravagancias. ¿Qué hace
ese cuadro en uno de los baúles de Alejandro? ¿Cuándo la pintó? ¿Por qué
lo guarda?" - Gritaba en sollozos la pobre Aureliana. No bastó ese
verano de infiernos a orillas de esa playa lejana, ahora el pasado la
enfrentaba.
Dos años atrás...
"Escúchalos Meme mía...
¡Son los gitanos! Estas vacaciones pintan ser unas inolvidables. Lejos
de la quietud de la Villa, el mar, las gaviotas, la tía, tu y ahora,
ellos... Los gitanos. ¡Vamos Meme mía, date prisa, quiero llegar hasta
su campamento!"- Decía con gran excitación Aureliana.
Era la
primera vez que la joven salía de Villa Nostalgias. Había vivido toda su
vida de su casa al liceo, del liceo a su casa; de su casa a la iglesia,
de la iglesia a su casa; y de vez en cuando, su padre le dejaba ir a la
Plaza, luego de días de ruegos y llantos. Aun así creció siendo una de
las jóvenes mejor preparadas de la comarca. Sabía cinco idiomas,
cantaba, bailaba ballet, pintaba... En fin, era todo un dechado de
virtudes, además de ser muy hermosa.
Era delgada, un figura
estilizada. Ojos claros, celestes, piel rosada, labios carnosos y el
cabello parecía seda escarlata. Caminaba como si estuviera flotando y su
voz era como los arpegios de una arpa. Una joven muy dulce que fue
criada por su padre y su abuela materna, pues su madre falleció a los
tres meses de haber nacido la niña. Era la vida de Don Marco Antonio y
Meme mía, como ella le decía.
Nadie se explicaba como viviendo
una vida encerrada, Alejandro Alcántara, famoso artista de la capital,
se había comprometido con la joven. Nadie conocía esa historia de amor
que una tarde salió a la luz en las notas sociales de todos los
periódicos de la comarca: "Aureliana Santisbán Marques, hija única y
única heredera del reconocido orfebre y diamantino de Villa Nostalgias,
Marco Antonio Santisbán de Almedero, fue pedida en matrimonio por el
también reconocido artista Alejandro Alcántara y Zalinas. Cerrando el
hermoso compromiso con una deslumbrante sortija de diamantes y zafiros
diseñada especialmente para la doncella por su propio padre. Todo
sucedió en una íntima cena en la casa de campo del artista. Sólo un
grupo íntimo e ínfimo de amistades les acompañó en tan especial momento.
Aún no tienen fecha para el matrimonio, pero el padre de Aureliana les
puso como condición que debían esperar a que la joven terminara sus
estudios en Literatura. Pronto sabremos más acerca de esta inaudita
historia de amor." Esto fue el comienzo de la pareja, por lo menos para
la elite de Villa Nostalgias.
Llevaban dos años de compromiso,
cuando la joven culminó sus estudios de Literatura, comenzaron los
preparativos de la boda, tal cual su padre les había pedido. La joven
estaba muy emocionada. La tía de Alejandro, Marí José, una mujer de
sociedad, se estaba haciendo cargo de todo. Ese matrimonio sería todo un
evento. No estaban escatimando en gastos.
A meses de la boda,
la tía Marí convenció a Don Marco Antonio que dejara ir a la Aureliana a
su casa de playa. La joven estaba algo tensa y la tía Marí quería
ayudarla a relajarse: "Todas las tensiones siempre desaparecen a orillas
del mar." - solía decir la cosmopolita mujer. Luego de varios intentos y
la promesa de que Alejandro no las acompañaría, el padre celoso dio el
consentimiento.
La joven preparó sus maletas con gran afán. La
Meme la ayudó mientras arreglaba las suyas también. Compraron vestidos
nuevos, zapatos, bolsos, todo lo que una joven de veintitantos años
suele comprar para un viaje de verano. La tía la ayudaba a escoger y le
alimentaba la ilusión por el viaje. Sabía que la joven nunca había
salido de la comarca, así que tenía un itinerario muy especial para el
viaje.
Fueron dos horas de viaje. El camino a la playa era
hermoso. El cielo estaba más azul que nunca. Mientras más se acercaban a
la casa, se podían ver palmeras enormes, las gaviotas, casas coloridas,
jóvenes caminando en grupo. El sol, brillaba como nunca antes lo había
visto. Aureliana parecía una niñita toda emocionada.
Al llegar
a la enorme casa de playa pintada en tonalidades de azul, la joven
quedó alucinada. Aun cuando estaba acostumbrada a vivir en la opulencia,
esto era otra cosa. Parecían haber llegado a un hotel pequeño en las
orillas del Mediterráneo. Si el exterior era tan paradisiaco, no se
imaginaba el interior de la casa.
La casa contaba con tres
pisos, finamente diseñados y decorados. Cortinas traslúcidas para que la
luz fuese parte de la decoración. Era un espacio abierto el primer
piso, biombos servían como divisores, dando un aire de mayor amplitud.
Muebles finísimos en color blanco hueso, pinturas de Alejandro, sus
esculturas, un piano de cola en medio de la sala de estar, libreros, en
una esquina una hamaca hermosa color lila... Era un sueño. El segundo
piso era la cocina, el comedor principal, un estudio de arte y un
increíble balcón con la vista mas espectacular que había visto ser
alguno. El tercer piso eran las habitaciones y una pequeña sala con
libros y mas pinturas de Alejandro. Se me olvidaba, la casa constaba con
un ático también, este guardaba recuerdos fantasmales y posesos.
Ya instaladas las tres mujeres, se reunieron en el balcón a refrescarse
y a charlar. Aureliana no podía ocultar su asombro. Hablaba sin
respirar. La tía Marí José se reía al verla tan feliz y emocionada y la
vieja Meme, trataba de calmar las ansias de la joven. Estuvieron largo
rato en el balcón planificando sus días en la playa. Una mujer algo
madura entraba y salía con frutas, quesos, vino, agua... Fue esta la que
en algún momento les indicó que la cena estaba lista y que si la
tomarían en el balcón o en el comedor. "Iremos al comedor Lula, sirvan
allá mi negra bella y gracias." - dijo amablemente la tía. Entraron al
comedor donde Lula y otra joven servían la mesa. Aureliana pensaba que
su vida se estaba convirtiendo en un cuento de hadas.
Su
cuarto en la comarca era el más grande y lujoso de la casa. Tenía un
balcón que daba a la playa. Ella podía escuchar el vaivén de las olas y
percibía el olor a sal. El viento se colaba traviesamente por las
ventanas jugando con las cortinas. Fue cuando de repente escuchó a lo
lejos un cantar algo especial. Se asomó al balcón y vio una fogata y
alrededor de ella un grupo de personas cantando y bailando. Entonces
escuchó a la negra Lula decirle a la tía, que estaba en el cuarto de al
lado: "Sra. Marí, llegaron los gitanos hace ya dos semanas. La Villa
está revuelta. Se imagina usted quien regresó con ellos esta vez. Ella
está hermosísima, pero Perla está aun mas bella." "¡Silencio Lula, no
hablemos de Perla!" - fue la contestación de la tía.
La joven
sólo prestó atención a los gitanos. Esto la excitó aun mas. Siempre soñó
con conocerlos y parecía ser que su sueño se haría realidad. Su vida
era bella. Esa noche durmió tranquila escuchando el cante jondo de una
mujer, un cante que le llegó al cuerpo.
"Buenos días Srta.
Aureliana. Aquí le traigo su desayuno. Espero le siente bien. Su tía me
pidió la excusara pues tuvo que ir al pueblo. Necesitaba hacer unas
compras y se marchó temprano. Dijo que disfrutara de la mañana y la
tarde, que explorara todo y que se encontrarían al anochecer para dar un
paseo por la Plaza del pueblo. La Plaza por las noches se enciende y
con esos aquí, aun mas." - iba contando Lula mientras la jovencita
servía el desayuno y Aureliana se estiraba como los gatos. Lula abría
las cortinas y la puerta del balcón. "¿Esos? ¿Hablas de los gitanos
verdad? Anoche les escuché. ¡Qué maravilla! Haré lo que la tía me dice.
Comeré el desayuno, me arreglaré y saldré a conocer los gitanos.
¿Podrías decirle a mi Meme que se prepare?" Lula abrió sus enormes ojos
verdes y moviendo su cabeza en desapruebo: "Srta. No creo sea buena idea
que vaya a donde esos. Usted no está acostumbrada a estas cosas. No
debe ir sola. Espere por su tía, es un peligro que vaya sola." Diciendo
esto, salían ambas mujeres de la habitación, pero Aureliana no escuchó a
Lula.
Terminó de comer su desayuno cuando entró la Meme al
cuarto. "Escúchalos Meme mía... ¡Son los gitanos! Estas vacaciones
pintan ser unas inolvidables. Lejos de la quietud de la Villa, el mar,
las gaviotas, la tía, tu y ahora, ellos... Los gitanos. ¡Vamos Meme mía,
date prisa, quiero llegar hasta su campamento!"- Decía con gran
excitación Aureliana saliendo de la cama directo al cuarto de baño.
"Busca mi traje verde, el de los hombros al descubierto y las sandalias
de cuero. Saca el pañuelo verde de seda y busca mi collar de perlas.
Tráeme el jabón de gardenias y la colonia, Meme mía. Date prisa."
Gritaba desde la regadera la joven mientras la mujer buscaba todo lo que
esta le pedía. "Aureliana mía, Lula me ha dicho que no es conveniente
que te acerques tan siquiera a ellos. Eres muy inocente y no estás
acostumbrada a este tipo de gentes. ¿No crees que será mejor esperar por
la tía Marí Josè?" - argumentaba la vieja. "Para nada Meme, no quiero
esperar. No creo que sean tan peligrosos, creo que son exageraciones de
las gentes. Además es de día, ¿qué podría sucederme a plena luz del día?
Vamos mi viejita linda, ayúdame a arreglarme." La mujer la miró con
preocupación pero aun así, le ayudó a arreglarse.
Bajaron
juntas y en la estancia, la joven le preguntó a una de las mujeres que
estaba limpiando cómo llegar hasta el campamento de gitanos. Esta salió
un momento y regresó con un hombre, parecía ser uno de los que trabajaba
en la casa. Este las llevó hasta la entrada del campamento en uno de
los autos de la tía. "Srta. aquí les espero. Cualquier cosa, estaré
pendiente, no duden en buscarme. Espero la pasen bien y que no hayan
recriminaciones luego. Por favor, tengan cuidado." - dijo Juaco con
recelo. "No te preocupes, nada pasará. Gracias por ser mi cómplice."
dijo Aureliana con una sonrisa encantadora. ¿Quién podría negarle algo a
esa sonrisa!
Ya en el campamento, Aureliana sentía sus
latidos cada vez más fuertes. Creía estar en uno de esos relatos que
había leído en sus estudios de Literatura. Cerraba los ojos para poder
percibir los diferentes olores a especias y aromas extravagantes. Se
dejaba acariciar por el sonido de algún bandoneón a la lejanía. Caminaba
por entremedio de las mesas observando todo y de vez en cuando se
detenía a mirar y preguntar. ¡Qué colorido todo era allí! Las mujeres
parecían fuertes y a la vez sensuales. Los hombres eran rudos, sin
modales pero llamaban mucho la atención. Los niñitos eran muy ágiles y
hábiles, le comieron el corazón. Y los viejos, la hicieron suspirar al
escucharles hablar y cantar. ¿Por qué se preocupaban tanto los demás? No
veía peligro alguno en estas gentes.
Se acercó a una carreta
diferente, mas grande y vistosa. Estaba adornada por unos velos
anaranjados, violetas y verdes. Salía un aroma exquisito y se escuchaba
una mujer cantar adentro:
"Ayyyy no me lo explico
No me lo pueo entender
Este turbio corazón mío
Mira que me hace estremecé
Mira que me muero por su piel"
"Ayyyy como te olvío
No lo he podío entender
Te metiste en mi cuerpo
En mis venas
En mi ser...
Como te olvío gayí de mi querer..."
Aureliana se quedó inerte cuando la vio salir de la carreta, Perla.
Vestía esta vez de violeta y negro. Parecía un espejismo en la niebla.
Llevaba sus rizos recogidos al descuido, sus ojos maquillados y felinos,
los labios carnosos y su cuerpo estaba en la lujuria encendido. "Vamos a
ver... ¿Que la ha traído por estos lares a la damisela de verde?
¿Quiere que le lea la suerte o que le prepare un perfume diferente? No,
ya se... Quiere que a vivir un poco le enseñe... Eso es, eso es..." -
decía esto y caminaba cercando a Aureliana, quien aun no decía nada y la
miraba maravillada.
Ya frente a frente: "Me llaman Perla. No
creas nada de lo que dicen por esos vientos de mi, que no soy tan
perversa. Me gusta vivir la vida libre y sin cadenas. Que no tengo la
culpa de que los hombres quieran amarrarse a mis trenzas. Yo no los
busco, ellos solititos llegan. Y a ti, ¿cómo te llaman? ¿Quién es esa
que me mira con rareza?" le preguntaba mientras las encaminaba
lentamente a la carreta principal. Casi nadie entraba a esta carreta.
Aureliana despertó del letargo al verse dentro de la carreta, se
presentó y le contó en minutos su vida. Sintió un deseo extraño de
contarle todo a esta gitana. Le habló de su niñez, sus estudios, su
padre y de Alejandro. Meme no se sentía cómoda con la situación, pero
nunca antes había visto a su nieta tan feliz y tan cómoda hablando de su
vida con alguien.
Mientras hablaban, Perla iba arreglando a
Aureliana. Le había soltado el pelo y lo peinaba de manera distinta,
parecía una de ellas. Le maquilló los ojos, estos ahora se veían aun mas
bellos, el azul resaltaba haciendo contraste con el rojizo de su
cabello. Le puso brillo labial en los labios y al hacer esto, la olió.
"Gardenias blancas... El perfume de una princesa. Esta bien, es muy
bueno pero, vamos a ver cómo te asienta este." - extrajo de un baúl un
frasco en cristal rojo y asperjó la joven con una fragancia exótica,
suave pero exótica.
Aureliana cerró los ojos, sintió un golpe
en el pecho y una corriente recorrió todo su cuerpo concentrándose en su
entrepiernas. La gitana se dio cuenta de la reacción y soltó una
carcajada. Meme se sintió aun mas incomoda. "Tranquila mi reinita, esto
es muy normal. Poco a poco, suavemente, te irás acostumbrando. Este es
mi regalo de bodas. Úsalo cuando vayas a ver por primera vez a tu amado.
Me lo agradecerás." La Meme insistió en que debían partir y Aureliana a
regañadientes accedió. " Perla, gracias por tu hospitalidad. Fue un
gran placer el conocerte. Gracias también por esta fragancia tan rica
que me has regalado. Mira que he tenido perfumes caros, pero ninguno
parecido a este. Esta noche subiré con mi tía a la Plaza. ¿Te veré?"
Perla se viró a mirarla y sonrió de manera extraña: "Siempre que alguien
quiere encontrarme, me encuentra." - dio la vuelta y las dejó a la
entrada del campamento donde Juaco las esperaba.
Camino a la
casa no habló nada. Parecía ser otra, parecía hipnotizada. Solo pensaba
en su encuentro con la gitana y en la noche que le esperaba.
"Llegaron bien. Aureliana, ¡te ves espectacular! Nunca te había visto
arreglada así. Meme, ¿qué le ha pasado a nuestra niña? Y esa fragancia,
nunca la habías usado. Creo que a tan sólo una noche en la casa de
playa, las cosas en tu vida están tornándose de colores no sabías
existían. Alejandro va recibir una grata sorpresa cuando te vuelva a ver
querida." Así las recibió la tía Marí en la estancia.
Viento Serena
(Lala®2012)

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