El retrato de Perla V
Desenmarañando la madeja
Pero aun quedará madeja
Alejandro tocaba a la puerta de Aureliana. Lo acompañaba la Marí José y
la Lula traía el carrito de desayuno. "Mi amor, ¿estás despierta?
Traigo una sorpresa para ti mi princesa." - Marí José se anunciaba.
"Espera un momento tía, dame unos segundos y abro. Deja que me ponga la
bata." - arreglando el nudo de la bata y agarrando sus rojizos cabellos
como pudo con un lazo negro, fue hasta la puerta y palideció al verlo.
"Te has puesto pálida. Tanta ha sido la impresión al verme, mi
diamantito, vamos adentro que te traigo otra sorpresa. ¡Estás
extraordinariamente bella!" - dijo Alejandro abrazando a Aureliana y
cargándola hasta dentro de la habitación. La besó en la frente y la miró
a los ojos: "Realmente mi diamantito, estás hermosísima, nunca te había
visto tan radiante. Tía ¿qué le has hecho a mi bella prometida?" La
tía, que preparaba la mesa del balcón con Lula, se rió y contestó:
"Siempre lo dije, todas las tensiones se van en la playa. Nuestra
preciosa joya tenía que haber venido antes. Estos días que hemos estado
acá le han venido de maravilla. Ella que siempre fue de las mas bellas
de su Villa, si no la mas bella, ahora es una diosa del Parnaso." - pero
aun Aureliana no decía palabra alguna, no salía de su consternación.
Alejandro la miraba como si nunca antes la hubiese visto. La miraba
distinto, la comenzó a desear. "No me has dicho nada. Voy a pensar que
no te gusta la sorpresa. Ya se, aun estás algo dormida y piensas que
sueñas." - decía esto y la apretaba a su cuerpo de manera diferente, que
hizo incomodar a Aureliana. Esta se zafó de los brazos del hombre
diciendo: "No necesariamente es así como lo dices pero de que estoy
sorprendida lo estoy. Se supone que no estés aquí, ese fue uno de los
tratos que hicimos con mi padre. Si el se llegase a enterar se molestará
mucho y creerá que lo engañé." - miraba a la tía mientras decía. "Mi
bella, yo estoy igual de sorprendida que tu. Este malvaducho llegó sin
anunciarse. Ayer por poco me causa un infarto. Pero no te preocupes, ya
yo hablé con tu padre y a regañadientes comprendió." - contestó Marí
José llevando de la mano a Aureliana hasta la mesa.
"No se
porque tanta preocupación por tu padre, el está por la ciudad y nosotros
acá, ¿cómo habría de enterarse? Además en unas semanas seremos marido y
mujer, que mas da." - afirmaba de manera sarcástica Alejandro, mientras
se sentaba a la cabeza de la mesa del balcón de Aureliana. "Creo que ya
es tiempo que vaya haciéndose de la idea que no regirá mas tu vida,
pues tu marido seré yo, yo seré quien pronto la rija. ¿Verdad mi
diamantito?" - apretando la mano izquierda de Aureliana. Esta incómoda
replicó: "Creo que tanto mi padre como tu, querido Alejandro, están muy
equivocados. Padre ha estado rigiendo mi vida desde que nací hasta hace
poco. Yo me he dado cuenta que mi vida es mía y que solo yo puedo hacer
de ella lo que me plazca. Así que querido, vete acostumbrándote a la
idea que no regirás mis pasos." - entre enojo y sarcasmo puntualizaba
con firmeza la joven, mientras se servía su desayuno. Esto hizo sonreír a
la tía mientras que a Alejandro lo molestó mucho.
"¿Qué dice
mi diamantito, que ideas le han metido en esa cabecita rosa?" Parece ser
que la tía te ha estado inyectando con esas ideas liberales. Pero está
muy bien, sueña con eso los días que te quedan de soltera." - apretando
con fuerza la mano de Aureliana, dando a entender su desagrado. Esta,
sacó su mano con fuerza del agarre: "¡Qué te pasa, me estás haciendo
daño! Ya veo lo que piensas y como piensas ponerlo en práctica. ¡Qué sea
la primera y última vez que oses hacer algo así!" - se levantó de la
mesa, se dirigió adentro de la habitación y se refugió en el baño. "Me
gustaría salir y encontrar que estoy sola."- dijo desde adentro del
baño. Alejandro se paró furioso, cuando hizo intento de ir hasta ella,
la tía lo agarró por la mano y abriendo sus ojos en desapruebo, lo
controló. Ambos salieron y Lula comenzó a recoger la mesa. "Srta. le voy
a dejar frutas, queso y jugo. No deje de comer. La dejo sola."
"¡Qué rayos se ha creído la mocosa esta! No le permitiré este tipo de
rabietas. Engreída que es. ¿Y esto es lo que tu dices que me conviene?
Voy a tener que apretar algunas cuerdas por aquí" - vociferaba Alejandro
en su despacho. Caminaba de un lado para otro furioso. "Sobrino,
cálmate. No puedes perder la cordura. Ella es una mujer muy sensible,
buena. Está aprendiendo de la vida y creo que tiene toda la razón. No
creo que haya dicho nada para que la trataras como vi lo hiciste. No te
reconozco. Nunca estaré de acuerdo con este proceder tuyo. Mas vale
vayas a disculparte con ella. Ninguna mujer merece ser tratada así." -
Marí lo regañaba fuertemente. "¿Disculparme? ¡Ja! Esto si es gracioso.
Disculparme sería darle alas a esta conducta. Jamás haré una cosa tal.
Espero que quede claro algo tía, Aureliana tiene que cambiar esa manera
de pensar o le costará mucho. Ve hablando con ella, aconséjala." - salió
del despacho y se perdió.
"Esto no pinta bien, nada bien.
Nunca estaré de acuerdo con este comportamiento. Mi sobrino no es lo que
yo creía. Cuidaré de ella." - susurraba la tía preocupada mientras se
dirigía a la habitación de Aureliana.
Mientras, en la
carreta:"¿Estás segura de que es ella? ¿Cómo lo has sabío Perla? ¿Cómo
estás tan segura? Llévame ya con ella." - se notaba un aire de angustia y
felicidad en la voz de Guadalupe. "Tan pronto la tengas en frente,
verás que no me equivoco. Es mas, pregúntale a la Tiata Genara, ya la ha
visto y lo vio en las cartas también. Dile Taita, dile." - le respondía
la morocha con exaltación. "Es tu hermana. Es la reina. No hizo mas que
asomar sus ojos en este suelo y todo, poco a poco, ha ido cayendo.
Tiene los ojos de tu padre pero el rostro de tu madre, al contrario
tuyo. Es tu gemela mora de las arenas. La vas a conocé, pero aun no
puedes decir nada. Cautela mija, cautela. Mira que su vía' ahora mismo
no es ná de fácil, tu sabes bien." - la Genara le decía con voz serena,
para calmar a la Lupe. "¡¿Cómo me piden que me calme?! Es mi hermana.
¡Nos separaron desde nacimiento y pretenden que me quede callada!
¡Jamás! Mucho menos cuando se que está en casa de ese animal. Corre
peligro allá." - al decir esto, rompió la paz de Marciano quien sólo
habla escuchado las mujeres argumentar hasta que escuchó que corría
peligro su amada.
"¿Qué quieres decir con eso de que Aureliana
corre peligro? ¿Qué sabes tu que no se yo? Dime Lupe, dime lo que sabes,
que la busco ahora mismo." - exclamó preocupado y molesto a la vez.
"Alejandro llegó a la casa azul ayer. Eso es lo que pasa." - dijo Perla
mirando a los ojos de Lupe, quien también ignoraba esto. Lupe se aterró.
"¡No, no es posible! Ese demonio cerca de mi hermana! ¡Cómo la
toque..." "Lo mato. Como la toque, lo mato." - completó la oración
Marciano, mirando los ojos de su abuela.
"Aquí nadie va matar.
Ella sola va poner punto final a todo. ¡Qué odio tené que repetí lo ya
he dicho!" - gritó la Genara, dando una patada fuerte al piso. "Es hora
de ir a buscarla. No creo que sea bueno que la Lupe vaya. Perla, ve tu
sola. Hazte sentir, tu sabes que el señorito ese te tié respeto. Envíale
mis saludos a la Meme. Dile exactamente esto; "Fueron dos y tu las
partiste. Pero el tiempo une mitades con su entero." Luego te traes a
Aureliana. Después de eso, no se atreverá esa vieja a oponerse a nada.
Que Dios y la virgen morocha te acompañen..." - santiguaba a Perla,
quien partía en busca de la reina.
En la carreta de Genara se
quedaban Marciano y Guadalupe. La vieja salió de la misma tras la
partida de Perla. Marciano tenía muchas preguntas en su pecho. No
entendía lo que escuchó a las mujeres hablar. "Lupe, ¿qué de cierto hay
en todo esto? ¿Ustedes son gemelas? ¿Cómo es posible? ¿Significa que tu
también tienes sangre gayí y que mi Aureliana tiene sangre gitana?" -
con ilusión en la voz preguntaba Marciano a la muchacha. "Tal como dices
amigo, tal como dices. Cuando mi madre fue arrancada de los brazos de
mi padre, estaba preñada. La hicieron casarse con el que crió a mi
hermana. Al parir, como tenían miedo que la criatura saliera morocha,
llamaron a una partera para que atendiera a mi madre... La criada de la
casa, que siempre supo la verdad, buscó a tu abuela. Cuando tu abuela
nos saca del vientre de mi madre, Aureliana salió bien, pero yo tenía el
cordón umbilical en el cuello, así que me veía oscura. Cuando la madre
de mi madre me vio, para evitar la vergüenza de tener una nieta morocha,
me entregó en los brazos de tu abuela diciendo: "Aquí está el pago por
tu trabajo y silencio. Dile al maldito gitano ese, que se olvide de
nosotras y que se lleve a su hija lejos de mi nieta hermosa." Así llegué
a la comarca en brazos de Genara. Mi papa me recibió ilusionado y juró
en sangre que recuperaría a su otra hija antes de morir. Meses mas
tarde, tres pa' decirte la verdad completa, mi madre llegaba toda
amoratada, el marío le había propinado unos golpes porque ella le
reclamó por su otra hija. Así entonces mi madre se hizo cargo de mi,
llorando todos los días por mi hermana, pero nunca se pudo casá con mi
padre, el hombre de su vía'. Las palabras que tu Taita le dijo a Perla,
fueron las mismas que le dijo a Meme cuando nos separó. Esa es la
historia de las gemelas moras." - lloraba Guadalupe mientras a Marciano
le contaba.
"Pero no llores mas mujer. La vía' te la ha
devuelto. Ahora tu madre puede descansá tranquila y tu padre va a vé a
su otra hija antes de morí'. Yo sabía que ella era mora. El arma me lo
decía. Nunca una gayí había bailao' con tanta fuerza. Y su presencia es
de toda una reina gitana. ¡Vamos, vamos, venga un abrazo cuñada! No mas
lágrimas, la Genara tié razón, ya el tiempo pinta nuevos vientos. El
gris no llegará a negro. Tu has llegao' para ayudar a la Perla a traer a
tu hermana. Tranquila mora de las arenas, aquieta tu alma..." - la
abrazaba y cantaba para ella esta nana:
"No llores mas niña linda
No llores mas niña buena
Mira que el viento sopla bueno
Mira que el gris tus trenzas despeina"
"En tu pecho hay un vacío
En tu pecho habita una pena
Deja que el viento sople
Deja que la cellisca fresca te envuelva"
"La bruma poco a poquito se aleja
La bruma con tus sonrisa se enreda
Siente el cantar nuevo de gaviotas
Siente el latir de tu sangre mora bella"
"Es tiempo de esperá en la hoguera
Es tiempo de esperá por la reina
No llores mas bella niña
No llores mas niña de las arenas"
"Todo va marcando el ritmo
Perla está de camino al suspiro
Confía en el canto del destino
Verás que pronto to' será un recuerdo en el olvío"
"No llores mas niña linda
No llores mas niña buena
Mira que el viento sopla bueno
Mira que el gris tus trenzas despeina"
La Meme había escuchado a su nieta sollozar y entraba sin permiso a la
habitación, preocupada, alterada. "¡Mi niña, estás llorando! ¿Qué te ha
sucedido? ¿Qué te han hecho? Ya se, tuviste un problema con esos, con
los gitanos. Ya te lo había dicho mi niña, que no son buenos." - decía
la vieja tratando de consolar a su nieta.
En eso entraba la
Marí y contestó: "No mi vieja, que no han sido los gitanos. Alejandro
maltrató a Aureliana esta mañana. Los gitanos solo han traído vida a
nuestra muchacha. Me duele en el alma, pero tengo que admitirlo, mi
sobrino se ha convertido en un patán soberbio. Vamos Aureliana, no
llores mas. Ven, arreglaré tu pelo, busca la fragancia que te regaló
Perla y viste de rosa y lila este día. Regala al viento una hermosa
sonrisa."
La Meme no quería creer lo que la tía decía, era
aceptar que estaba equivocada. "Estoy segura que Alejandro no quiso
hacer eso, estoy bien segura que está arrepentido y vendrá a pedir
disculpas a mi nieta. ¿Qué hiciste mi niña para que se enfureciera de
esta manera? A los hombres no hay que provocarlos, las mujeres sabias se
callan." - decía la abuela en tono de regaño. Aureliana se levantó de
sus sollozos y miró con furia a su abuela, mas calló. De repente era
como estar viviendo el pasado. Los fantasmas se habían despertado.
"Meme, creo que estás siendo muy injusta con la muchachita. Yo vi todo y
se lo que digo. Mi sobrino no se la merece, no la merece. Yo estaré
pendiente de ella, creo que en esto esta sola." - diciendo esto, la tía
salió de la habitación.
"Lula, dile a la Aureliana que he venío
por ella. Esperaré aquí en la estancia." - decía Perla mientras entraba
por la puerta sin ser invitada. "Srta. mire que las cosas aquí hoy no
se pintan lindo. Que la niña ha estado llorando toda la mañana. El Sr.
Alejandro salió como alma que lleva el diablo y la Marí salió de malas
con la abuela. Mejor vállase y regresa otro día." - nerviosa la Lula le
contaba. "¿De qué me hablas mujé? ¿Qué le hizo el maldito ese a
Aureliana? ¡Cuenta, habla! Es que la sangre corre por la cellisca hoy
como la haya tocao. ¡Aureliana, Aureliana!" - subió las escaleras como
quien se le ha ido la vida.
En la puerta de la habitación se
encontró con la Meme. Esta no la dejó entrar: "Tu tienes la culpa de
todo. Nuestras vidas estaban bien hasta que ustedes los bastardos
llegaron. No te voy a permitir que sigas envenenando la vida de mi
nieta, así que será mejor que te largues. Si no lo haces, te acusaré con
Alejandro y ya verás como te va." - por primera vez la Meme deja ver su
real lado. Perla la miraba de arriba abajo y se sacó una de sus
carcajadas: "Mira pué quien se atreve a hablar de bastardos. Debería
hacerte tragar esas palabras, pero aprendí a respetar del cabello la
plata. Pero se cómo he de callarte: "Fueron dos y tu las partiste. Pero
el tiempo une mitades con su entero." La vieja palideció, llevó sus
manos al pecho y tembló. "Viste como te has quedao muda. Mas te vale que
te quedes así, mas te vale que no te interpongas. Todo a su tiempo
llega. Salte del medio, me voy a llevar a mi reina." La vieja la dejó
pasar y se metió en su habitación, de donde no salió en mucho tiempo.
"¡Perla, amiga, por favor sácame de este infierno!" - exclamó Aureliana
tan pronto vio a la gitana entrar. "A eso vine, vamos, me cuentas lo
que te ha pasao en el camino. Solo quiero saber algo ahora, ¿te ha
tocao?" - mirando hacia el vientre de Aureliana. "¡No, nunca, jamás!
Solo me gritó y me apretó tan fuerte la mano que aun duele." - contestó
inocentemente la joven muchacha. "De la que se salvó esta vez. Date
prisa, vámonos que la vida te espera."
"¿A dónde creen que
van? Ya me lo tenía que haber imaginado. ¡Muy pero que muy bonito! Así
que esta es la razón de tu soberbia mi diamantito. Veo que has hecho
nuevos amigos. Pero creo que los modales y valores puritanos que te
inculcaron desde tu nacimiento no han servido de mucho. No has escogido
bien tus amistades. ¿Acaso olvidas: Las malas compañías corrompen las
buenas actitudes? Y miren quien ha venido hasta aquí... Perla. En verdad
eres atrevida mujer o ¿acaso debo decir bruja? Es mejor que se vayan
despidiendo pues esta será la última vez que se vean." - las atajó
pasivamente agresivo Alejandro en medio de la estancia.
"Mira
maldito, que no me importa pasarte por encima, que me daría mucho placer
abrir tu garganta en dos en este preciso momento, pero no vale la pena.
Matarte sería hacerte un favor. Tu tiempo aun no llega. Y yo, Perla la
gitana bendita y perversa, sobre la tumba de tós mis muertos en sangre
juro, que a esta no tocarás nunca, antes todas las fuerzas se te harán
niebla." Esto asustó al eufórico hombre quien les cedió el paso.
La tarde se pintaba naranja detrás de unos velos grisáceos, casi plata,
cuando las dos mujeres hicieron entrada en la comarca. Guadalupe,
Marciano y la Genara, a la entrada de la misma, seguidos por toda la
gente del campamento, las recibieron a la puerta de entrada.
Viento Serena
(Lala©2012)

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