Desde aquí, te llevare conmigo a mis noches de violín, bandoneon, pandero y guitarras. Beberás de la misma copa sucia conmigo y abrirás tus venas bajo la luz de luna...

Ahora que te has atrevido a montarte conmigo en mi carreta, te has preguntado hacia donde te he de llevar?

Ya es tarde, Enigma se a puesto a trotar...
No temas, déjate llevar...

jueves, 17 de mayo de 2012

El retrato de Perla II

El retrato de Perla (Parte II)
La noche del Tango

"Tía Marí, acabo de conocer a una mujer espectacular, como dirías tu. Esta mañana me levanté e hice justo lo que dijiste hiciera: viví. Las viejas y Juaco estaban preocupadísimos y con mucho temor, pero finalmente les mostré que los gitanos no son los monstruos que las gentes dicen. Estuvimos en el campamento, conversé con muchos de ellos, compramos plata y telas y la conocí a ella: Perla." - comenzó a contarle con ojos impactantes y algarabía a la Tía Marí. Esta estuvo bien hasta el momento en el que el bendito nombre de la gitana salió de la boca de la muchacha. Su rostro palideció y se llevó la mano al pecho a la vez que buscaba la mirada de la negra Lula. Aureliana no se percató de esto pero la Meme, vieja y astuta, observó y asimiló todo.

"Mi bella sobrina, eres tan inocente, dulce e ingenua. No debiste haber ido sola. Es cierto mi princesa, ellos no son tal cual la mayoría de las gentes los pintan, yo tengo muy buenas relaciones con ellos pero aun así querida, debes ser mas cuidadosa. No tan sólo con ellos, con todo el mundo Aureliana, no estás acostumbrada a tratar con extranjeros ni extraños. No me malentiendas, me alegro la hayas pasado bien y que te hayas permitido vivir, pero debo cuidar de ti. Si te pasara algo serían dos hombres pagando por mi cabeza, tu padre y tu prometido. ¡Imagínate mi posición! Prométeme que la próxima vez esperarás por mi, cariño." - le argumentó con amor maternal a la joven. Aureliana la miraba pero no parecía escucharla. Sólo retumbaban las notas de la melodía que escuchó en el campamento y la conversación con ella, Perla.

"No te preocupes Marí José, yo me encargaré de que esto no vuelva a suceder. Fui condescendiente esta vez, pero no volverá a pasar. Ella se sintió muy bien en presencia de la extravagante gitana, pero a mi no me pareció bien. Tiene un aire oscuro." - habló la Meme a lo que acto seguido Aureliana comentó: "¡Nada que ver Meme mía! Perla se portó muy bien con nosotras. Nos dejó entrar en su carreta, me arregló el pelo, maquilló mis ojos y me regaló esta exótica fragancia a cambio de nada. ¿Por qué la tienen contra ellos? Yo soy adulta ya, creo que puedo cuidarme por mi misma. Les agradezco sus cuidados, pero les agradecería aun mas que no trataran de sobreprotegerme. Ya basta con mi padre y Alejandro. Los gitanos y Perla son inofensivos, seres humanos mal entendidos por una sociedad con prejuicios. No te preocupes Tía, la próxima vez iras conmigo y te presentaré a Perla, se que te caerá bien. Ahora me retiro a mi habitación, voy a refrescarme y dormir una corta siesta" - mientras decía estas últimas palabras, les besaba a ambas y se marchaba lentamente a su cuarto.

La Meme, la tía y Lula quedaron en la estancia. "No es bueno que se vean nuevamente. No es bueno. No." - farfullaba Lula mientras subía las escaleras hacia la cocina. La tía miró fijamente a la Meme como queriendo decir algo, pero nunca dijo nada.

En el cuarto de baño, en la tina, Aureliana descansaba bajo una manta de burbujas y espuma rosada. Había vertido un poco de la fragancia que la gitana le había obsequiado y tallaba suavemente su esbelto cuerpo. De repente volvió a sentir la misma corriente que la vez primera, sin embargo esta vez, al estar tallando su cuerpo con una esponja, este respondió mas fuertemente. Sus piernas temblaban y sus latidos eran cada vez mas fuertes. Sentía oleadas de energía recorriendo su vientre y un palpitar que no había conocido la encendía como una hoguera. Un viento recio entró por la ventana y... Hubo paz.

Esa noche saldrían a comer al restaurante de la Plaza. Aureliana fue la sorpresa de la noche. Al bajar a la estancia, las mujeres la esperaban y desde antes de verla aparecer, su fragancia anunció su llegada. Vestía un hermoso traje azul celeste sensual que dejaba al descubierto su lozana espalda. Sus ojos y labios los había arreglado tal cual lo había hecho la gitana y su cabellera la había alborotado de forma perfecta. De su cuello pendía un camafeo de platino, que le había pertenecido a su madre, en realidad fue la primera de tantas piezas que el padre de Aureliana diseñó para su amada esposa, Viviana. Pero volviendo al tema, todos quedaron estupefactos al ver la joven bajando las escaleras.

"¡Querida, te ves preciosa! Pareces otra. Si mi sobrino te viera, temblaría. ¿Meme, qué te parece nuestra pelrincesa? - dijo totalmente maravillada la tía. "Aureliana, pareces el retrato vivo de tu madre. Estás lindísima. Tu padre lloraría al verte y créeme, no te dejaría salir a la esquina. Eres una hermosa mujer." - añadió la orgullosa abuela, pero por dentro sentía un temor inusual. Pero se lo quedó guardado...

La Plaza del pueblecito es hermosa. La habían construido los primeros pobladores del pueblo pesquero La Giralda, con ayuda de los gitanos que vivían a las afueras del mismo bordeando el norte hasta llegar a las arenas de Playa Esmeralda. La Plaza Vivaz es redonda. Alrededor de la misma se erigen cuatro arcos, dando la ilusión de paredes invisibles, de los mismos cuelgan unas enredaderas que contienen unas florecillas rojas con agradable olor. Tiene en su centro una fuente de mármol negro cuya figura principal es una semidesnuda gitana bailando con una pandereta plateada en su mano derecha. Siete bancos rodean la fuente. En cada cuadrante de la plaza, hay un pequeño jardín semicircular donde crecen gardenias, violetas y jazmines y del centro emerge un farol con tres globos de luces. Al norte de la Plaza está la capilla, al sur las oficinas de gobierno, al oriente la farmacia y al occidente el restaurante de Crisanta, El bandoneón.

Al llegar a la Plaza, todos se fijaron en Aureliana. Su belleza, su elegancia y delicadeza atrajeron las miradas de hombres y mujeres allí, pero su aroma despertó oleadas de fuego en las pieles de todos. Las tres mujeres caminaron por el centro de la plaza, de un extremo al otro, hasta llegar al restaurante. Se escuchaban una guitarra y un bandoneón sonar y un cante jondo que estremecía hasta los tuétanos de cualquier muerto:

"Ella, la niña princesa
La de los ojos celestes
De mirada triste e incierta
Y lacios de fuego en el hielo
La bendita quimera"

"Ella, la de las perlas siniestras
La de la bella melena
Llegó pa' aprender de mi a vivir
En estas tibias arenas
Aun no sabe lo que en estos lares le espera"

"Ella, la que es mujer y es reina
Siente calor en sus piernas
La pasión le carcome el cuerpo
El fuego se consume en su pecho
Lo que siente es mucho mas que deseo
Lo que siente la pué llevar al infierno
La pué hacer estremecé y perdé todos sus mieos"

"Ella es
Es ella
Ella es
Es ella
Un misterio en mi carreta
Un secreto en la carne de mi tierra
Es ella
Ella es
Es ella
Ella es
El reflejo de mi espejo
El rayo de luz en mi suspenso
Ella, ella, ella
Ella es
Es ella"
Cantaba Perla entre lágrimas ahogada.

La gente en el restaurante, embelesada al oír el nostálgico canto de la gitana, salió del trance al sentir el aroma de Aureliana. Perla se sonrió de una forma extraña. "Vio usté mi preciosa doncella, como se lo dije en mi carreta, quien en verdá quiere encontrarme, me encuentra." - diciendo estas palabras, dio tres veces en el suelo con su pie izquierdo y comenzó la música. Todo volvió a su cauce. Un mayordomo las llevó hasta la mejor mesa, siendo atendidas con sumo cuidado, como si fueran de la realeza. Charlaban y reían y comían y vino bebían. Aureliana no perdía de vista a Perla, y viceversa.

Poco a poco el establecimiento se fue llenando. Había gitanos y gayís juntos, compartiendo en armonía. Cuando de una esquina, Perla hace entrada triunfal. Se había cambiado sus ropas. Vestía una blusa blanca de botones, la cual había amarrado dejando su vientre al descubierto. Una falda negra de mucho vuelo, adornada con piedrecitas rojas en el ruedo. Había amarrado sus rizos con una pañoleta roja y de su cuello colgaba un camafeo parecido al de Aureliana. Al lado de ella estaba un gitano fornido pero de rostro perfecto. Tenía pelo mas negro que el negro, le llegaba a los hombros, ojos mas oscuros que el misterio, nariz perfilada y una boca que despertaba deseos. La tía Marí se estremeció al verle, la Meme quedó estupefacta y Aureliana sintió oleajes de calor en su cuerpo.

Comenzaron a bailar sensualmente. Todo el mundo los vitoreaba. Se escuchaban las palmadas, los "olé gitana", "dale con mas fuerza calé e mi arma"... Todo el mundo estaba en éxtasis cuando de repente, el gitano dejó a Perla en medio de la pista y agarró del brazo a Aureliana. Perla asintió invitándola y la joven no titubeó, se unió a la pareja en la bailada. Fue un evento mas allá que gitanesco. Aureliana parecía haber bailado esto toda su vida. Se dejó envolver en los velos de la gitanería de manera tal que una de ellos parecía. Todo el mundo disfrutaba del baile entre los tres cuando Perla, miró fijamente a la joven y besando sus labios la dejó con Marciano sola.

La música cambió. El bandoneón se hizo cargo de la melodía mientras que la guitarra y un agónico violín acompañaban la lujuriosa y quimérica tonada. Perla se paró en medio de los instrumentos a emitir sonidos melodiosos pero ininteligibles. Una atmósfera sensual atrapó el restaurante mientras la pareja bailaba un tango frenético e indomable.

Marciano había atrapado la cintura de Aureliana entre sus rudas manos. Esta podía sentir el aroma de hombre que expelía desde el pecho. Este la movía con pasión y ternura alterna. Acariciaba la espalda desnuda de la joven y esta cerraba sus ojos, dejando que la lujuria la atrapara. Los sudores se fundían como las pieles, en medio del baile una misma se hacían. Los invasores los observaban con envidia, deseando ser ellos los del acto. El bandoneón subía de tono y ellos se ensimismaban aun mas. La guitarra y el violín gemían al unísono y Perla por fin dijo algo entendible:

"Y el calé enamorao'
A su reina en los labios besó
Con pasió y ternura
Con sus labios de fuego la besó..."

Al entonar Perla estas últimas líneas, Marciano sujetó a Aureliana mas fuerte por la cintura, desplazando su cuerpo hacia atrás, le besó cálida pero tiernamente en los labios. Solo se escuchaba el bandoneón y las respiraciones de todos. Entonces Perla aplaudió con fuerza sacando del trance a todos, incluyendo a Aureliana. "¡Brava! ¡Bravissimo! ¡Bravo! Un fortísimo aplauso a nuestra gayí bella de la noche." - gritaba Perla y todos la acompañaban. "Gracias hermosa, gracias por habernos acompañado. Te llevaré de vuelta a tu mesa. No, mejor aun, Marciano te devolverá con mucho gusto y a la vez tristeza en su alma a ella. Otro fuerte aplauso a la bella reina, Aureliana." Mientras esto ocurría, Marciano llevaba de la mano a Aureliana a la mesa donde las mujeres la esperaban anonadadas. Allí, el gitano se excusó con las mayores por lo sucedido y les explicó que era parte del espectáculo. Les pidió que no regañaran a la joven, pues ella sólo había sido parte de la presentación y que lo había hecho como nunca nadie antes lo había hecho. Felicitó a Aureliana y le invitó a que les acompañara esa noche al campamento para seguir celebrando. Terminando esto, besó las manos de las tres mujeres y se marchó. Pero el beso de Aureliana, fue distinto, fue como el del tango, o por lo menos así ella lo sintió.

No se habló de lo sucedido. La tía en sus adentros, se lo había disfrutado todo. Estaba feliz de que al fin Aureliana se dejara sentir. Pero no podía decirlo, sería como traicionar a su sobrino, aun cuando este... La Meme, aturdida, confundida por demás. En su pecho sabía que algo mas sucedería. Era volver a vivir una osadía que olvidada creía. "¡Maldito destino, vuelves a meterte en mis brisas!" - pensaba la vieja. Y Aureliana, solo sentía.

Cuando la tía pidió la cuenta, le informaron que todo ya había sido pagado, los gitanos habían cancelado su cuenta al partir. Era costumbre de estos pagar la cuenta de la familia de donde provenía la joven que invitaban a su espectáculo. "Además, Marciano dejó esta cajita de madera para la señorita y Perla dejó esta nota. Gracias por habernos acompañado y sobretodo, por tan buen espectáculo. Que tengan linda noche y que la gitanería las siga arropando." decía la dueña del restaurante mientras las acompañaba hasta la puerta. No se pronunció palabra alguna.

Caminaron por medio de la Plaza de vuelta al auto. Las dos mujeres iban al frente y Aureliana atrás, seguía soñando. Había besado a su prometido, como es obvio, pero este único beso de Marciano, había sido diferente. Llevaba en las manos la pequeña caja de madera y la nota de Perla. En su cabeza retumbaban las palabras de Marciano al invitarlas, pero no se atrevió a hacer mención de las mismas. No quería hacer estallar la bomba de tiempo. Sentía el aire pesado, sabía que las mujeres tenían muchas preguntas que no le interesaba contestar o quien sabe, no sabría contestar.

Llegaron a la casa azul. Entraron en silencio. Se despidieron con un beso y cada cual a su aposento.

Aureliana se dio una ducha. Dejó que el agua calmara su piel. Salió del baño, se vistió con una delicada pijama blanca. Se acomodó en la hamaca de su balcón. Abrió la nota: "Aureliana, eres la reina. Pronto te visitaré. Perla". Esto la hizo reír. Abrió entonces la caja. Sus ojos se desorientaron. Acostumbrada a las piezas que su padre diseñaba y esta sencillez gitana la cautivaba. Un ónix colgado de un cordón de plata. No pensó dos veces y lo puso en su cuello. Sintió los labios del gitano nuevamente en su cuerpo. Se dirigió a la cama, dejando la puerta del balcón abierta. Se quitó la pijama, se acostó desnuda. Como quien espera una llegada. A lo lejos, los gitanos a su reina le cantaban.

La noche pasó. La mañana las recibió. Aun mas sorpresas le esperaban...


Viento Serena
(Lala©2012)

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