El retrato de Perla (Parte II)
La noche del Tango
"Tía Marí, acabo de conocer a una mujer espectacular, como dirías tu.
Esta mañana me levanté e hice justo lo que dijiste hiciera: viví. Las
viejas y Juaco estaban preocupadísimos y con mucho temor, pero
finalmente les mostré que los gitanos no son los monstruos que las
gentes dicen. Estuvimos en el campamento, conversé con muchos de ellos,
compramos plata y telas y la conocí a ella: Perla." - comenzó a contarle
con ojos impactantes y algarabía a la Tía Marí. Esta estuvo bien hasta
el momento en el que el bendito nombre de la gitana salió de la boca de
la muchacha. Su rostro palideció y se llevó la mano al pecho a la vez
que buscaba la mirada de la negra Lula. Aureliana no se percató de esto
pero la Meme, vieja y astuta, observó y asimiló todo.
"Mi
bella sobrina, eres tan inocente, dulce e ingenua. No debiste haber ido
sola. Es cierto mi princesa, ellos no son tal cual la mayoría de las
gentes los pintan, yo tengo muy buenas relaciones con ellos pero aun así
querida, debes ser mas cuidadosa. No tan sólo con ellos, con todo el
mundo Aureliana, no estás acostumbrada a tratar con extranjeros ni
extraños. No me malentiendas, me alegro la hayas pasado bien y que te
hayas permitido vivir, pero debo cuidar de ti. Si te pasara algo serían
dos hombres pagando por mi cabeza, tu padre y tu prometido. ¡Imagínate
mi posición! Prométeme que la próxima vez esperarás por mi, cariño." -
le argumentó con amor maternal a la joven. Aureliana la miraba pero no
parecía escucharla. Sólo retumbaban las notas de la melodía que escuchó
en el campamento y la conversación con ella, Perla.
"No te
preocupes Marí José, yo me encargaré de que esto no vuelva a suceder.
Fui condescendiente esta vez, pero no volverá a pasar. Ella se sintió
muy bien en presencia de la extravagante gitana, pero a mi no me pareció
bien. Tiene un aire oscuro." - habló la Meme a lo que acto seguido
Aureliana comentó: "¡Nada que ver Meme mía! Perla se portó muy bien con
nosotras. Nos dejó entrar en su carreta, me arregló el pelo, maquilló
mis ojos y me regaló esta exótica fragancia a cambio de nada. ¿Por qué
la tienen contra ellos? Yo soy adulta ya, creo que puedo cuidarme por mi
misma. Les agradezco sus cuidados, pero les agradecería aun mas que no
trataran de sobreprotegerme. Ya basta con mi padre y Alejandro. Los
gitanos y Perla son inofensivos, seres humanos mal entendidos por una
sociedad con prejuicios. No te preocupes Tía, la próxima vez iras
conmigo y te presentaré a Perla, se que te caerá bien. Ahora me retiro a
mi habitación, voy a refrescarme y dormir una corta siesta" - mientras
decía estas últimas palabras, les besaba a ambas y se marchaba
lentamente a su cuarto.
La Meme, la tía y Lula quedaron en la
estancia. "No es bueno que se vean nuevamente. No es bueno. No." -
farfullaba Lula mientras subía las escaleras hacia la cocina. La tía
miró fijamente a la Meme como queriendo decir algo, pero nunca dijo
nada.
En el cuarto de baño, en la tina, Aureliana descansaba
bajo una manta de burbujas y espuma rosada. Había vertido un poco de la
fragancia que la gitana le había obsequiado y tallaba suavemente su
esbelto cuerpo. De repente volvió a sentir la misma corriente que la vez
primera, sin embargo esta vez, al estar tallando su cuerpo con una
esponja, este respondió mas fuertemente. Sus piernas temblaban y sus
latidos eran cada vez mas fuertes. Sentía oleadas de energía recorriendo
su vientre y un palpitar que no había conocido la encendía como una
hoguera. Un viento recio entró por la ventana y... Hubo paz.
Esa noche saldrían a comer al restaurante de la Plaza. Aureliana fue la
sorpresa de la noche. Al bajar a la estancia, las mujeres la esperaban y
desde antes de verla aparecer, su fragancia anunció su llegada. Vestía
un hermoso traje azul celeste sensual que dejaba al descubierto su
lozana espalda. Sus ojos y labios los había arreglado tal cual lo había
hecho la gitana y su cabellera la había alborotado de forma perfecta. De
su cuello pendía un camafeo de platino, que le había pertenecido a su
madre, en realidad fue la primera de tantas piezas que el padre de
Aureliana diseñó para su amada esposa, Viviana. Pero volviendo al tema,
todos quedaron estupefactos al ver la joven bajando las escaleras.
"¡Querida, te ves preciosa! Pareces otra. Si mi sobrino te viera,
temblaría. ¿Meme, qué te parece nuestra pelrincesa? - dijo totalmente
maravillada la tía. "Aureliana, pareces el retrato vivo de tu madre.
Estás lindísima. Tu padre lloraría al verte y créeme, no te dejaría
salir a la esquina. Eres una hermosa mujer." - añadió la orgullosa
abuela, pero por dentro sentía un temor inusual. Pero se lo quedó
guardado...
La Plaza del pueblecito es hermosa. La habían
construido los primeros pobladores del pueblo pesquero La Giralda, con
ayuda de los gitanos que vivían a las afueras del mismo bordeando el
norte hasta llegar a las arenas de Playa Esmeralda. La Plaza Vivaz es
redonda. Alrededor de la misma se erigen cuatro arcos, dando la ilusión
de paredes invisibles, de los mismos cuelgan unas enredaderas que
contienen unas florecillas rojas con agradable olor. Tiene en su centro
una fuente de mármol negro cuya figura principal es una semidesnuda
gitana bailando con una pandereta plateada en su mano derecha. Siete
bancos rodean la fuente. En cada cuadrante de la plaza, hay un pequeño
jardín semicircular donde crecen gardenias, violetas y jazmines y del
centro emerge un farol con tres globos de luces. Al norte de la Plaza
está la capilla, al sur las oficinas de gobierno, al oriente la farmacia
y al occidente el restaurante de Crisanta, El bandoneón.
Al
llegar a la Plaza, todos se fijaron en Aureliana. Su belleza, su
elegancia y delicadeza atrajeron las miradas de hombres y mujeres allí,
pero su aroma despertó oleadas de fuego en las pieles de todos. Las tres
mujeres caminaron por el centro de la plaza, de un extremo al otro,
hasta llegar al restaurante. Se escuchaban una guitarra y un bandoneón
sonar y un cante jondo que estremecía hasta los tuétanos de cualquier
muerto:
"Ella, la niña princesa
La de los ojos celestes
De mirada triste e incierta
Y lacios de fuego en el hielo
La bendita quimera"
"Ella, la de las perlas siniestras
La de la bella melena
Llegó pa' aprender de mi a vivir
En estas tibias arenas
Aun no sabe lo que en estos lares le espera"
"Ella, la que es mujer y es reina
Siente calor en sus piernas
La pasión le carcome el cuerpo
El fuego se consume en su pecho
Lo que siente es mucho mas que deseo
Lo que siente la pué llevar al infierno
La pué hacer estremecé y perdé todos sus mieos"
"Ella es
Es ella
Ella es
Es ella
Un misterio en mi carreta
Un secreto en la carne de mi tierra
Es ella
Ella es
Es ella
Ella es
El reflejo de mi espejo
El rayo de luz en mi suspenso
Ella, ella, ella
Ella es
Es ella"
Cantaba Perla entre lágrimas ahogada.
La gente en el restaurante, embelesada al oír el nostálgico canto de la
gitana, salió del trance al sentir el aroma de Aureliana. Perla se
sonrió de una forma extraña. "Vio usté mi preciosa doncella, como se lo
dije en mi carreta, quien en verdá quiere encontrarme, me encuentra." -
diciendo estas palabras, dio tres veces en el suelo con su pie izquierdo
y comenzó la música. Todo volvió a su cauce. Un mayordomo las llevó
hasta la mejor mesa, siendo atendidas con sumo cuidado, como si fueran
de la realeza. Charlaban y reían y comían y vino bebían. Aureliana no
perdía de vista a Perla, y viceversa.
Poco a poco el
establecimiento se fue llenando. Había gitanos y gayís juntos,
compartiendo en armonía. Cuando de una esquina, Perla hace entrada
triunfal. Se había cambiado sus ropas. Vestía una blusa blanca de
botones, la cual había amarrado dejando su vientre al descubierto. Una
falda negra de mucho vuelo, adornada con piedrecitas rojas en el ruedo.
Había amarrado sus rizos con una pañoleta roja y de su cuello colgaba un
camafeo parecido al de Aureliana. Al lado de ella estaba un gitano
fornido pero de rostro perfecto. Tenía pelo mas negro que el negro, le
llegaba a los hombros, ojos mas oscuros que el misterio, nariz perfilada
y una boca que despertaba deseos. La tía Marí se estremeció al verle,
la Meme quedó estupefacta y Aureliana sintió oleajes de calor en su
cuerpo.
Comenzaron a bailar sensualmente. Todo el mundo los
vitoreaba. Se escuchaban las palmadas, los "olé gitana", "dale con mas
fuerza calé e mi arma"... Todo el mundo estaba en éxtasis cuando de
repente, el gitano dejó a Perla en medio de la pista y agarró del brazo a
Aureliana. Perla asintió invitándola y la joven no titubeó, se unió a
la pareja en la bailada. Fue un evento mas allá que gitanesco. Aureliana
parecía haber bailado esto toda su vida. Se dejó envolver en los velos
de la gitanería de manera tal que una de ellos parecía. Todo el mundo
disfrutaba del baile entre los tres cuando Perla, miró fijamente a la
joven y besando sus labios la dejó con Marciano sola.
La música
cambió. El bandoneón se hizo cargo de la melodía mientras que la
guitarra y un agónico violín acompañaban la lujuriosa y quimérica
tonada. Perla se paró en medio de los instrumentos a emitir sonidos
melodiosos pero ininteligibles. Una atmósfera sensual atrapó el
restaurante mientras la pareja bailaba un tango frenético e indomable.
Marciano había atrapado la cintura de Aureliana entre sus rudas manos.
Esta podía sentir el aroma de hombre que expelía desde el pecho. Este la
movía con pasión y ternura alterna. Acariciaba la espalda desnuda de la
joven y esta cerraba sus ojos, dejando que la lujuria la atrapara. Los
sudores se fundían como las pieles, en medio del baile una misma se
hacían. Los invasores los observaban con envidia, deseando ser ellos los
del acto. El bandoneón subía de tono y ellos se ensimismaban aun mas.
La guitarra y el violín gemían al unísono y Perla por fin dijo algo
entendible:
"Y el calé enamorao'
A su reina en los labios besó
Con pasió y ternura
Con sus labios de fuego la besó..."
Al entonar Perla estas últimas líneas, Marciano sujetó a Aureliana mas
fuerte por la cintura, desplazando su cuerpo hacia atrás, le besó
cálida pero tiernamente en los labios. Solo se escuchaba el bandoneón y
las respiraciones de todos. Entonces Perla aplaudió con fuerza sacando
del trance a todos, incluyendo a Aureliana. "¡Brava! ¡Bravissimo!
¡Bravo! Un fortísimo aplauso a nuestra gayí bella de la noche." -
gritaba Perla y todos la acompañaban. "Gracias hermosa, gracias por
habernos acompañado. Te llevaré de vuelta a tu mesa. No, mejor aun,
Marciano te devolverá con mucho gusto y a la vez tristeza en su alma a
ella. Otro fuerte aplauso a la bella reina, Aureliana." Mientras esto
ocurría, Marciano llevaba de la mano a Aureliana a la mesa donde las
mujeres la esperaban anonadadas. Allí, el gitano se excusó con las
mayores por lo sucedido y les explicó que era parte del espectáculo. Les
pidió que no regañaran a la joven, pues ella sólo había sido parte de
la presentación y que lo había hecho como nunca nadie antes lo había
hecho. Felicitó a Aureliana y le invitó a que les acompañara esa noche
al campamento para seguir celebrando. Terminando esto, besó las manos de
las tres mujeres y se marchó. Pero el beso de Aureliana, fue distinto,
fue como el del tango, o por lo menos así ella lo sintió.
No
se habló de lo sucedido. La tía en sus adentros, se lo había disfrutado
todo. Estaba feliz de que al fin Aureliana se dejara sentir. Pero no
podía decirlo, sería como traicionar a su sobrino, aun cuando este... La
Meme, aturdida, confundida por demás. En su pecho sabía que algo mas
sucedería. Era volver a vivir una osadía que olvidada creía. "¡Maldito
destino, vuelves a meterte en mis brisas!" - pensaba la vieja. Y
Aureliana, solo sentía.
Cuando la tía pidió la cuenta, le
informaron que todo ya había sido pagado, los gitanos habían cancelado
su cuenta al partir. Era costumbre de estos pagar la cuenta de la
familia de donde provenía la joven que invitaban a su espectáculo.
"Además, Marciano dejó esta cajita de madera para la señorita y Perla
dejó esta nota. Gracias por habernos acompañado y sobretodo, por tan
buen espectáculo. Que tengan linda noche y que la gitanería las siga
arropando." decía la dueña del restaurante mientras las acompañaba hasta
la puerta. No se pronunció palabra alguna.
Caminaron por medio
de la Plaza de vuelta al auto. Las dos mujeres iban al frente y
Aureliana atrás, seguía soñando. Había besado a su prometido, como es
obvio, pero este único beso de Marciano, había sido diferente. Llevaba
en las manos la pequeña caja de madera y la nota de Perla. En su cabeza
retumbaban las palabras de Marciano al invitarlas, pero no se atrevió a
hacer mención de las mismas. No quería hacer estallar la bomba de
tiempo. Sentía el aire pesado, sabía que las mujeres tenían muchas
preguntas que no le interesaba contestar o quien sabe, no sabría
contestar.
Llegaron a la casa azul. Entraron en silencio. Se despidieron con un beso y cada cual a su aposento.
Aureliana se dio una ducha. Dejó que el agua calmara su piel. Salió del
baño, se vistió con una delicada pijama blanca. Se acomodó en la hamaca
de su balcón. Abrió la nota: "Aureliana, eres la reina. Pronto te
visitaré. Perla". Esto la hizo reír. Abrió entonces la caja. Sus ojos se
desorientaron. Acostumbrada a las piezas que su padre diseñaba y esta
sencillez gitana la cautivaba. Un ónix colgado de un cordón de plata.
No pensó dos veces y lo puso en su cuello. Sintió los labios del gitano
nuevamente en su cuerpo. Se dirigió a la cama, dejando la puerta del
balcón abierta. Se quitó la pijama, se acostó desnuda. Como quien espera
una llegada. A lo lejos, los gitanos a su reina le cantaban.
La noche pasó. La mañana las recibió. Aun mas sorpresas le esperaban...
Viento Serena
(Lala©2012)

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