El retrato de Perla VII
Sangre con sangre, la noche de la hoguera
Ya de frente las mujeres, un corrientazo recorrió las pieles de ambas.
Guadalupe sentía su pecho explotando al no poder llamarla hermana y
Aureliana, se reconocía en la mirada de su gemela gitana. Era como si
las venas se abrieran y las sangres se encontraran en una misma arteria.
Era como si los corazones en un solo latido se fundieran.
"Aureliana, esta que ves frente a ti es Guadalupe, la gitana de las
arenas. No te acostumbres mucho a ella pues hoy esta aquí y mañana,
mañana puede estar en la Siberia. Es la mejor cantaora de la comarca,
cuando está y, aunque muchos no lo crean, mi gran amiga." - con estas
palabras las presentó Perla. "Mucho gusto Guadalupe, si eres amiga de
Perla, pues ya eres mía." - dijo Aureliana acercándose con dulzura a su
hermana y besándola en cada mejilla. Esto estremeció a la Lupe quien
respondió con un cálido abrazo: "¡Pues entonces ya somos nuestras!" De
esta manera comenzó una relación entrambas hermanas, mucho mas que
duradera... Eterna.
Las mujeres se ensimismaron en arreglar a
la reina. Prepararon un baño con unos aceites aromáticos que la Genara
les había dado. Lavaron con esmero y cuidado el cuerpo de Aureliana.
Enjuagaron su cobrizo cabello en agua de gardenias y canela. Finalmente,
asperjaron su cuerpo húmedo y desnudo con el perfume que la vieja había
preparado especialmente para ella. Esta fusión hechizante de aromas se
fue diluyendo en los vientos del campamento. Una nube sensual lentamente
arropaba el olfato de cada uno de ellos. Los hombres endurecieron
mientras que las mujeres de repente, al unísono dejaron escapar un
gemido conspicuo y sus cuerpos febrilmente se estremecieron.
"Pa' una gitana, escúchame bien lo que te voy a decir y cincélalo en tu
seno, pa' una gitana el aroma es mas que un simple perfume. El aroma
reina mía, es la esencia misma del alma. Es el as de corazones debajo de
tu falda. Es la espada que abre puertas en las montañas. Es el sello en
sangre que marca eterna tu llegada. Este es sólo tuyo, te lo ha
preparao la Genara. Siempre debes usarlo. Comienzas por los tobillos,
subes a las pantorrillas, detrás de las rodillas, las caderas, la
cintura, el ombligo, bajo los senos y en el centro, en la cuenca y a
cada lado del cuello, detrás de las orejas, rocías algo en el pelo,
asperjas un poco la espalda y terminas en la cueva de tu alma."- así le
comenzó aconsejar la Lupe a su hermana. Mientras iba explicando con
detalles el proceso, Perla iba perfumando el cuerpo de Aureliana.
"Recuerda, nunca salgas sin perfumar tu cuerpo. Que tu calé sepa siempre
donde estás por el aroma que dejas en el viento."
Sacaron una
pequeña maleta con diferentes botecitos. Sacando uno Perla dijo: "Los
ojos son el reflejo de tu arma, debes enmarcarlos de forma tal, que
atrapes suspiros con tu mirada. Traza una línea oscura y fina sobre tu
párpado, siguiendo el contorno del mismo. Al llegar al borde, extiende
la raya un centímetro. Para la parte de abajo, usas este lápiz negro por
dentro todas las veces que sea necesario, hasta que la noche resalte en
ellos. Luego con el pincel que usaste en los párpados, trazas una raya
desde la cuna de las lágrimas hasta donde dejaste la primera formando
una curva de leona, con el lápiz, rellenas lo que esté blanco. Esta
brocha, luego de haber trazado las rayas, la pasas por este polvillo de
carbón y la esparces sobre las líneas del párpado, difuminando con los
dedos. Usas esta otra con este polvillo malva y terminas con esta en el
traslúcido. Para finalizar la obra, con este cepillito humedecido en
aceite de olivo con pigmento de ónix, peinas tus pestañas... Primero por
arriba dos veces, y tres mas por abajo. Las pestañas del inferior las
golpeas levemente diez veces. Ya, lista, ahora tienes ojos pa' hechizá a
una hechicera vieja." - le dirigía Perla y Aureliana le atendía
cuidadosa mientras Lupe le arreglaba los ojos.
Y así fueron
preparando a su reina. Poco a poco, lenta y cuidadosamente hasta dejarla
mas bella que hermosa. Ella que por naturaleza era una gema preciosa,
al haber pasado por las ingeniosas manos moras, se había convertido en
una gitana grandiosa. "¿Soy yo? Esa en el espejo, ¿soy? Yo soy esa."
decía Aureliana maravillada de lo que en el espejo se reflejaba. Parecía
lo que era. Era la reina.
"Pero aun no puedes salir. Te falta
lo mas importante. Toma. Aquí en este saquito de terciopelo rojo están
tus piedras y polvos. Nunca salgas sin estos. Debes sujetarlo con esta
liga en tu muslo izquierdo. No me preguntes pa' que sirven. Yo no lo se,
pero en su momento lo sabrás. Así como Perla sabe cuando usar su puñal y
yo mi látigo. Nadie nos dijo, nosotras lo supimos. Nadie desde este
momento debe tocarlo. Debes guardarlo como a tu vida, como a la vida e
tu Marciano." Lupe le explicaba con tesón y amor a su gemela mientras le
sujetaba al muslo el saquito de terciopelo negro.
"Ahora si
que estás lista. Ahora es la hora de que bailes con tu calé frente a la
hoguera. Vamos gitana, encendamos las tres la fiesta." decía con orgullo
y emoción Perla.
Salieron juntas. La luna, estaba regia, llena.
Viento Serena
(Lala©2012)

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